El Manierismo es el estilo pictórico que domina Italia y se extiende por Europa entre 1520 y 1600, aproximadamente desde la muerte de Rafael hasta el inicio del Barroco. Aunque durante mucho tiempo fue interpretado como un decadente "fin de Renacimiento", hoy se reivindica como una etapa creativa de gran refinamiento en la que los artistas, conscientes de la perfección alcanzada por Leonardo, Rafael y Miguel Ángel, deciden ir más allá explorando la artificiosidad, la elegancia extrema y la subjetividad.
Sus rasgos formales son muy reconocibles: figuras alargadas con anatomías imposibles, posturas inestables o serpenteantes, composiciones complejas y desequilibradas, perspectivas forzadas, paletas de colores ácidos y artificiales (rosas brillantes, verdes ácidos, azules eléctricos), y una atmósfera entre teatral e inquietante. Los temas siguen siendo religiosos y mitológicos, pero tratados con un punto de inquietud y enigma.
Sus maestros principales son los italianos Pontormo y Parmigianino, autor este último de la célebre Madonna del cuello largo, junto a Bronzino y sus retratos cortesanos, el veneciano Tintoretto, y muy especialmente el cretense El Greco, que lleva el manierismo a Toledo y pinta obras tan únicas como El entierro del conde de Orgaz y los retratos espiritualizados de santos y caballeros castellanos.
Las reproducciones manieristas aportan personalidad inmediata a cualquier interior. Las obras de El Greco funcionan especialmente bien en espacios con personalidad propia: salones de carácter, bibliotecas, despachos de profesionales liberales o áreas de inspiración religiosa o intelectual.