Darío de Regoyos (Ribadesella, 1857 — Barcelona, 1913) se formó en Madrid y en Bruselas, y fue el único español admitido en el grupo belga Les XX, la asociación de vanguardia que expuso a Seurat, Van Gogh y Cézanne cuando casi nadie los quería. Por eso el impresionismo y el puntillismo llegaron a España, en buena medida, a través de él.
En 1888 recorrió el país con el poeta belga Émile Verhaeren. De aquel viaje salió España negra (1899), un libro de texto suyo y estampas de Regoyos sobre procesiones, ferias y campos áridos, que fija una mirada sobre lo español que después hicieron suya otros.
Su pintura, en cambio, es luminosa y suelta, con toques cortos de color puro: playas del Cantábrico, vías de tren, mercados, nieve. Viernes Santo en Castilla (1904) reúne las dos caras, la técnica moderna y el asunto sombrío. Murió a los cincuenta y seis años de un cáncer de laringe, bastante reconocido ya entre los pintores y bastante poco por el público.
Su técnica es de toques pequeños y separados que necesitan resolución real para no convertirse en una papilla. Imprimimos en alta definición sobre lienzo de algodón y montamos a mano en nuestro taller de Jaén.