Jean Auguste Dominique Ingres (Montauban, 1780 — París, 1867) defendió el dibujo por encima de todo en un siglo que se iba hacia el color. Alumno de Jacques-Louis David y premio de Roma en 1801, vivió casi veinte años en Italia estudiando a Rafael, y volvió a Francia convertido en el guardián del neoclasicismo frente al romanticismo de Delacroix.
Su idea de la línea era tan fuerte que se permitía torcer la anatomía para conseguirla. La gran odalisca (1814, Museo del Louvre) tiene vértebras de más porque la curva de la espalda lo pedía, y a sus contemporáneos les pareció un error de bulto. En El baño turco (1862, también en el Louvre), pintado a los ochenta y dos años, encajó decenas de cuerpos en un tondo sin que ninguno estorbe al de al lado.
Fue además un retratista extraordinario: el Retrato de la condesa de Haussonville (1845), en la Frick Collection de Nueva York, resuelve el raso, la piel y el reflejo del espejo con una nitidez casi fotográfica.
En un Ingres la definición lo es todo, porque el detalle está en el contorno y en la transición de la piel. Imprimimos en FineArt a alta resolución sobre lienzo de algodón, y si lo quieres en gran formato lo fabricamos sin que la línea pierda filo.