Gustave Moreau (París, 1826-1898) pintó mitología y Biblia cuando el resto de la pintura francesa salía a la calle a retratar estaciones de tren. Se encerró en un universo de Salomés, esfinges, quimeras y dioses cubiertos de joyas, resuelto con empastes espesos y una riqueza casi de orfebrería.
La aparición (1876), donde la cabeza del Bautista flota en el aire frente a Salomé, es su obra más conocida. Su casa-taller de París, que él mismo dejó al Estado, es hoy el Museo Gustave Moreau y conserva miles de obras suyas.
Fue también un profesor extraordinario en la École des Beaux-Arts: por su clase pasaron Matisse, Rouault y Marquet, y a ninguno intentó convertirlo en un Moreau.
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