La Escuela Flamenca agrupa la pintura producida en los Países Bajos meridionales (la actual Bélgica y norte de Francia) entre los siglos XV y XVII. Es uno de los grandes focos de la pintura europea y, gracias al perfeccionamiento de la técnica del óleo por los hermanos Van Eyck a comienzos del XV, ha dejado obras de un detallismo y un brillo cromático que asombran todavía hoy.
Los rasgos comunes de la escuela son la minuciosidad casi miniaturista, la capacidad de representar materiales y texturas (joyas, telas, espejos, alfombras orientales) con realismo deslumbrante, el dominio de la luz y de la perspectiva atmosférica, y una iconografía rica en simbolismo religioso donde cada objeto cotidiano puede tener una lectura espiritual.
Sus maestros recorren tres siglos: en el siglo XV destacan Jan van Eyck con El matrimonio Arnolfini (1434) y el Políptico de Gante, Rogier van der Weyden y Hans Memling; en el XV-XVI El Bosco con su universo onírico de El jardín de las delicias; en el XVI Pieter Bruegel el Viejo y sus escenas campesinas como Los cazadores en la nieve; y ya en el XVII, dentro del barroco flamenco, el gran Pedro Pablo Rubens.
Las reproducciones flamencas son ideales para decoraciones clásicas, espacios con vocación de coleccionismo o ambientes con muebles de madera oscura. El Bosco encaja en zonas singulares y de carácter, mientras que Van Eyck y Bruegel funcionan bien en bibliotecas y comedores formales.