Édouard Manet (París, 1832-1883) quería triunfar en el Salón oficial y se pasó la vida escandalizándolo sin pretenderlo. En 1863 el jurado rechazó El almuerzo sobre la hierba y acabó expuesto en el Salón de los Rechazados, donde el público se indignó menos por el desnudo que por la naturalidad con que la modelo miraba de frente. Dos años después Olympia repitió el efecto multiplicado.
Había viajado a España en 1865 y volvió deslumbrado por Velázquez, al que llamó el pintor de pintores: de ahí le vienen los negros profundos y esa manera de resolver una figura con pocas manchas seguras.
Nunca expuso con los impresionistas, aunque fue su referencia y su amigo. Su último gran cuadro, Un bar del Folies-Bergère (1882), está en la Courtauld de Londres. Murió al año siguiente, a los cincuenta y uno.
Los negros de Manet son el reto: si la impresión los cierra, la figura pierde el aire que los rodea. Ajustamos ese rango antes de imprimir sobre lienzo de algodón y montamos el bastidor a mano.