Chaim Soutine (Smilavichy, Bielorrusia, 1893 — París, 1943) era el décimo de once hijos de un remendón judío y llegó a París en 1913 sin hablar francés. Vivió en La Ruche, el falansterio de talleres de Montparnasse, en una miseria que sus amigos recordaban con espanto. Modigliani lo apadrinó y lo presentó a los marchantes.
En 1923 el coleccionista estadounidense Albert Barnes le compró de golpe cincuenta y dos lienzos y le cambió la vida de un día para otro. Soutine siguió pintando lo mismo: reses desolladas colgadas en el taller, pasteleros y botones de hotel con las manos enormes, y los paisajes de Céret, donde las casas y los árboles parecen doblarse con el viento.
Destruía obra suya con frecuencia y llegó a recomprar cuadros para quemarlos. Durante la ocupación alemana se escondió en la campiña francesa; murió en París en 1943, a los cincuenta años, tras una operación de úlcera que llegó demasiado tarde. Está enterrado en el cementerio de Montparnasse.
Pintaba con materia muy gruesa y empastes que dejan surcos visibles. La impresión FineArt sobre lienzo de algodón mantiene ese relieve aparente en lugar de aplanarlo, y montamos el bastidor a mano en nuestro taller.