Carl Larsson (Estocolmo, 1853 — Sundborn, 1919) nació en una habitación compartida del casco viejo de Estocolmo y describió su infancia como miseria y suciedad. Un maestro de escuela lo empujó a presentarse a la Academia, donde entró a los trece años.
En la colonia de pintores escandinavos de Grez-sur-Loing, en Francia, dejó el óleo por la acuarela y encontró su manera: línea firme, tintas planas y luz clara. Allí conoció a Karin Bergöö, pintora y luego tejedora y diseñadora, con quien tuvo ocho hijos.
El matrimonio convirtió una casa heredada en Sundborn, en Dalecarlia, en un experimento de vivienda luminosa y sencilla, con muebles pintados de colores, textiles de Karin y nada de la pesadez del gusto de la época. Larsson la pintó entera en las acuarelas de Una casa (1899), y ese libro acabó definiendo la idea moderna del interior sueco. Su gran cuadro de historia, Sacrificio del solsticio de invierno, fue rechazado por el Nationalmuseum y le amargó los últimos años; el museo no lo colgó hasta 1997.
Sus acuarelas viven del blanco del soporte y de contornos limpios. Imprimimos sobre lienzo de algodón de blanco neutro para respetar esa claridad, y montamos cada pieza a mano en nuestro taller de Jaén.