Aert van der Neer (Ámsterdam, hacia 1603-1677) empezó tarde. Durante años fue mayordomo de una familia acomodada en Gorinchem y no se dedicó a la pintura a tiempo completo hasta pasados los treinta, ya instalado en Ámsterdam.
Se especializó en dos asuntos y los repitió toda la vida. El primero, los paisajes de noche con luna: un río, unas nubes deshilachadas, la luna detrás y un reflejo largo sobre el agua, todo resuelto en grises plateados y marrones. El segundo, las escenas de invierno con el canal helado, patinadores, trineos y jugadores de kolf repartidos por el hielo hasta el horizonte.
En 1659 abrió una taberna en Ámsterdam para ir tirando. Quebró en 1662 y a partir de ahí vendió muy poco: el inventario de sus bienes al morir apenas recogía un par de cuadros y algo de ropa. Su hijo Eglon van der Neer, en cambio, hizo carrera de pintor de corte. Hoy el Rijksmuseum y la National Gallery de Londres tienen buenos ejemplos suyos.
Sus nocturnos ocupan una franja tonal muy corta entre grises y marrones oscuros. Si la impresión los cierra, el cuadro desaparece; perfilamos para conservar ese detalle sobre lienzo de algodón y montamos a mano.