Abraham Bloemaert (Gorinchem, 1566 — Utrecht, 1651) vivió ochenta y cinco años y atravesó tres modas sin quedarse atrás en ninguna. Empezó con un manierismo de figuras retorcidas y colores agrios, y acabó pintando con la claridad del Barroco holandés pleno.
Su taller de Utrecht fue el más importante de los Países Bajos del norte. Por él pasaron Hendrick ter Brugghen, Gerrit van Honthorst y Jan van Bijlert, los pintores que llevaron a Holanda la luz de Caravaggio, y también sus cuatro hijos pintores. El libro de dibujos que preparó para enseñar, el Tekenboek, se reeditó durante más de siglo y medio y sirvió para formar a generaciones enteras.
Pintó asuntos bíblicos y mitológicos, pero su aportación más duradera son los paisajes con caseríos: cabañas de madera medio derrumbadas, árboles nudosos y campesinos, un tipo de estampa rústica que se copió en toda Europa.
Sus caseríos son un tejido de ocres, verdes y marrones muy próximos entre sí. Ajustamos esa gama antes de imprimir sobre lienzo de algodón y montamos cada pieza a mano en nuestro taller.