José de Ribera (Játiva, Valencia, 1591 — Nápoles, 1652) se marchó joven a Italia y ya no volvió. Se instaló en Nápoles, entonces territorio de la Corona española, y allí firmó siempre como Jusepe de Ribera, español, aunque los italianos lo llamaran lo Spagnoletto por su corta estatura.
Tomó de Caravaggio el foco violento y el fondo en sombra, y le añadió una obsesión por la piel: arrugas, venas, uñas sucias, pies descalzos. Sus santos y filósofos tienen cuerpo de campesino y de mendigo, y eso era exactamente lo que buscaba.
El Museo del Prado conserva El martirio de San Felipe (1639) y El sueño de Jacob (1639); La mujer barbuda (1631), un retrato desconcertante y sin condescendencia, está en el Hospital Tavera de Toledo.
Un Ribera vive del contraste entre la carne iluminada y la oscuridad que la rodea. Calibramos ese rango antes de imprimir para que el negro no se cierre y montamos cada lienzo a mano en nuestro taller de Jaén.