Miguel Ángel Buonarroti (Caprese, 1475 — Roma, 1564) se consideró escultor toda su vida y aceptó los encargos de pintura casi a regañadientes. El papa Julio II tuvo que insistirle para que aceptara la bóveda de la Capilla Sixtina, que pintó entre 1508 y 1512 trabajando de pie sobre un andamio, con más de trescientas figuras y sin apenas ayudantes.
Volvió al mismo muro veinticuatro años después para el Juicio Final (1536-1541), mucho más oscuro y desesperado. Entre medias había hecho el David (1501-1504) y la Piedad del Vaticano, y al final de su vida dirigió las obras de la basílica de San Pedro.
De su pintura de caballete apenas se conserva nada: el Tondo Doni de los Uffizi es prácticamente la única tabla terminada que llegó hasta nosotros.
Sus figuras se pensaron para verse desde lejos y desde abajo, así que ganan mucho en tamaño grande. Como fabricamos a medida, puedes pedirlo generoso, impreso sobre lienzo de algodón y montado a mano.