El Neoimpresionismo, también conocido como Puntillismo o Divisionismo, es una corriente pictórica francesa de finales del siglo XIX (1885-1900) que parte del impresionismo pero pretende darle una base científica y racional. Sus impulsores aplican los descubrimientos de la óptica y de la teoría del color de Chevreul para descomponer cada tono en sus componentes puros y dejar que el ojo del espectador los recomponga ópticamente.
Su rasgo técnico inconfundible es la aplicación del color en puntos pequeños y separados de tonos puros yuxtapuestos. Mirado de cerca, un lienzo neoimpresionista es un mosaico de puntos; visto a la distancia adecuada, los puntos se funden en superficies luminosas y vibrantes. Las composiciones son más estructuradas que las impresionistas, las figuras recuperan volumen, y los temas mantienen la línea moderna del impresionismo: paisajes, escenas de ocio burgués, baños, puertos.
El padre y obra maestra del movimiento es Georges Seurat con Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte (1884-1886), un lienzo monumental que tardó más de dos años en terminar. Su mejor amigo y heredero del puntillismo fue Paul Signac, autor de muchos paisajes mediterráneos. También se asocian al movimiento Henri-Edmond Cross y, en Italia, los divisionistas Pellizza da Volpedo y Giovanni Segantini.
Las reproducciones neoimpresionistas son una opción muy decorativa por su luminosidad y orden. Quedan especialmente bien en salones contemporáneos, comedores luminosos, despachos y zonas de descanso donde se quiera transmitir serenidad y armonía.