El boceto o estudio es el dibujo preparatorio que un artista realiza antes de afrontar la obra definitiva. Aunque tradicionalmente fue considerado un género menor (un medio para llegar al cuadro final, no un fin en sí mismo), desde el Renacimiento se valoran los bocetos como obras autónomas porque revelan el proceso creativo en estado puro: la idea naciendo, la mano que duda, la composición que se reajusta, los detalles que se ensayan.
Los bocetos abarcan técnicas y soportes muy variados: dibujos a lápiz, sanguina, carboncillo, tinta, aguada, pluma; estudios al óleo de pequeño formato; cuadernos de campo con apuntes rápidos; cartones a tamaño real para frescos. Cada uno aporta una calidad gráfica distinta: el lápiz transmite levedad, la sanguina calidez, el carboncillo dramatismo, la tinta nitidez.
Los grandes coleccionados son los cuadernos de Leonardo da Vinci, auténticas enciclopedias visuales que combinan estudios anatómicos, máquinas, paisajes y figuras; los desnudos preparatorios de Miguel Ángel para la Capilla Sixtina; los estudios de manos y rostros de Rafael; las academias de Rubens; los autorretratos a lápiz de Rembrandt; los apuntes de viaje de Goya; y, ya en el XX, los cuadernos de Picasso.
Las reproducciones de bocetos y dibujos aportan un aire de estudio de artista, refinado y discreto. Funcionan especialmente bien en colecciones (series enmarcadas iguales en passe-partout claro), pasillos, despachos, dormitorios sobrios y espacios académicos o creativos.