William Blake (Londres, 1757-1827) fue poeta, grabador y pintor a la vez, y no separaba las tres cosas. Imprimía él mismo sus libros con una técnica que inventó, grabando texto e imagen en la misma plancha y coloreándolos a mano después: así salieron los Cantos de inocencia (1789) y los Cantos de experiencia (1794).
Decía tener visiones desde niño y las pintaba sin pedir permiso a nadie: ángeles, profetas, criaturas de su propia mitología. El anciano de los días (1794) y la serie del Gran dragón rojo son de una rareza que no se parece a nada de su siglo.
Vivió pobre y fue tenido por excéntrico o por loco. Lo enterraron en una fosa sin señalar en Bunhill Fields; su reivindicación llegó casi cien años después.
Sus obras son pequeñas, de acuarela y tinta sobre papel, con líneas muy finas. Las ampliamos con cuidado y las imprimimos sobre lienzo de algodón, que da el acabado mate que les corresponde.