Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 — Madrid, 1664) fue el pintor de los conventos. Se instaló en Sevilla en 1629 por invitación del propio ayuntamiento y durante dos décadas surtió de lienzos a cartujas, mercedarios y jerónimos, con series enteras de santos y frailes encargadas por contrato.
Su marca es el contraste: figuras recortadas por una luz lateral y dura sobre fondos casi negros, y unos blancos de hábito que sostienen el cuadro entero. Ese tratamiento del tejido —la lana, el lino, los pliegues— es lo que le valió el apodo de pintor de los blancos.
En el Museo del Prado están Agnus Dei (hacia 1635-1640), un cordero atado sobre fondo oscuro sin más compañía, y Defensa de Cádiz contra los ingleses (1634), pintado para el Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro. De sus bodegones, Una taza de agua y una rosa se conserva en la National Gallery de Londres.
Zurbarán depende de que el negro del fondo sea profundo y el blanco no se queme: si el contraste se aplana, la figura pierde el volumen. Ajustamos ese rango antes de imprimir sobre lienzo de algodón y montamos a mano el bastidor en nuestro taller.