El Rococó es el estilo artístico que florece en Europa, especialmente en Francia, entre 1715 (muerte de Luis XIV) y 1789 (Revolución Francesa). Sucede al Barroco pero lo aligera radicalmente: si el Barroco era dramático, religioso y monumental, el Rococó es frívolo, mundano y decorativo. Es la pintura de la aristocracia ilustrada, de los salones, del cortejo galante y del placer refinado.
Sus rasgos pictóricos son inconfundibles: paleta pastel (rosas, azules celestes, malvas, dorados suaves), composiciones asimétricas con abundancia de elementos vegetales, atmósferas idílicas, figuras femeninas estilizadas con piel nacarada, y una temática que se reparte entre las escenas galantes en jardines (las fêtes galantes), los retratos cortesanos, las alegorías mitológicas tratadas con tono ligero, y las pastorales arcádicas.
Sus maestros principales son los franceses Antoine Watteau, inventor del género de las fiestas galantes con El embarque para Citera, François Boucher, pintor favorito de Madame de Pompadour, y Jean-Honoré Fragonard, autor del célebre El columpio. En el ámbito veneciano destaca Giovanni Battista Tiepolo y sus grandes frescos decorativos, y en el retrato la inglesa Élisabeth Vigée-Lebrun.
Las reproducciones rococó aportan ligereza, elegancia y un punto romántico a la decoración. Funcionan especialmente bien en dormitorios femeninos, tocadores, salones de estilo clásico francés, comedores formales con muebles dorados y zonas con vocación de boudoir.