El arte abstracto es la gran ruptura del siglo XX. Hasta entonces toda la pintura europea, por más libre que fuera, partía de un referente reconocible del mundo visible. Hacia 1910 un puñado de artistas decide cruzar el umbral: la forma, el color, la línea y el ritmo dejan de representar algo externo y se vuelven contenido autónomo. Pintar deja de ser describir y se convierte en construir una realidad nueva.
Dentro del paraguas "abstracto" caben corrientes muy distintas: la abstracción lírica de Kandinsky (curvas y manchas musicales), la abstracción geométrica de Mondrian y el neoplasticismo (rectas y primarios), el suprematismo ruso de Malévich, el expresionismo abstracto americano de Pollock y Rothko en los años 50, o el minimalismo y el color field posteriores. Lo común es la renuncia a la figuración.
Los nombres fundadores son el ruso Wassily Kandinsky, considerado el padre del abstracto con su primera acuarela abstracta de 1910 y obras como Composición VIII; el holandés Piet Mondrian y sus composiciones de cuadrículas; el ruso Kazimir Malévich y su Cuadrado negro; el americano Jackson Pollock con su action painting; y Mark Rothko con sus campos de color meditativos.
El arte abstracto es la opción decorativa más contemporánea posible. Funciona en cualquier estancia moderna: salones diáfanos, despachos minimalistas, dormitorios de líneas limpias, recibidores con personalidad. Las composiciones de Mondrian aportan orden y color; los Rothko, atmósfera meditativa; los Kandinsky, energía y ritmo.