Tiziano Vecellio (Pieve di Cadore, hacia 1488 — Venecia, 1576) se formó en el taller de Giovanni Bellini y trabajó junto a Giorgione, pero pronto los dejó atrás a los dos. Durante sesenta años fue el pintor de referencia de Venecia y el retratista de media Europa: Carlos V lo nombró caballero y Felipe II siguió encargándole obras hasta el final.
Fue quien enseñó a la pintura occidental que el color podía construir la forma sin necesidad de dibujo previo. Venus de Urbino (1538) está en los Uffizi; el Retrato ecuestre de Carlos V en Mühlberg (1548) y las poesías mitológicas que pintó para Felipe II, en el Museo del Prado, que guarda una de las mejores colecciones de su obra fuera de Italia.
En sus últimos años pintaba casi con los dedos, dejando la materia abierta y las formas sin cerrar, algo que no se volvería a ver hasta tres siglos después.
Esa pincelada tardía es un reto: hay que conservar la textura sin que el lienzo la exagere. Imprimimos en FineArt sobre algodón, que mantiene el grano sin brillos, y montamos el bastidor a mano en nuestro taller.