Paul Cézanne (Aix-en-Provence, 1839-1906) pasó la vida pintando las mismas cosas: la montaña que veía desde su casa, unas manzanas sobre un mantel arrugado y unos hombres del campo jugando a las cartas. Esa insistencia es justamente lo que cambió la pintura.
Su padre, banquero, lo quería abogado. Él se fue a París en 1861 animado por su amigo de infancia Émile Zola, expuso con los impresionistas y acabó separándose de ellos: no le interesaba atrapar un instante de luz, sino la estructura que hay debajo. Construía los volúmenes con planos de color yuxtapuestos, sin líneas de contorno, hasta que el cuadro se sostenía solo.
Pintó La montaña Sainte-Victoire más de treinta veces, cada una más despojada que la anterior. De Los jugadores de cartas (1890-1895) hizo cinco versiones; una cuelga en el Museo de Orsay y otra en el Metropolitan de Nueva York. Sus bodegones de manzanas y jarras enseñaron a los pintores siguientes que un objeto puede deformarse si eso ayuda a la composición, y de ahí salió el cubismo.
Sus lienzos tienen una materia densa, de pincelada visible y construida en capas. Al reproducirlos sobre lienzo de algodón con impresión FineArt se conserva ese relieve aparente, y los montamos a mano en nuestro taller en la medida que necesites.