Anton van Dyck (Amberes, 1599 — Londres, 1641) era el ayudante principal de Rubens con diecinueve años, y a esa edad ya firmaba obra propia. Pasó seis años en Italia, sobre todo en Génova, retratando a una aristocracia que le enseñó a estirar las figuras y a vestirlas de seda negra sobre fondos de columnas y cortinajes.
En 1632 Carlos I de Inglaterra lo llamó a Londres, lo nombró caballero y lo convirtió en su pintor de cámara. Allí fijó un modelo de retrato —pose desenvuelta, manos largas, mirada distante— que la pintura inglesa siguió copiando durante siglo y medio. Carlos I en la caza, hoy en el Louvre, es el ejemplo perfecto: un rey retratado como un caballero de campo y aun así intocable.
Murió en Londres a los cuarenta y dos años, agotado por el ritmo de encargos.
Sus telas y encajes dependen de matices muy finos dentro de zonas oscuras. Calibramos ese detalle antes de imprimir sobre lienzo de algodón y montamos cada pieza a mano en nuestro taller de Jaén.