Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 1571 — Porto Ercole, 1610) llegó a Roma con veinte años y sin nada, y en menos de diez cambió la pintura europea. Su primer gran encargo público, los lienzos de la capilla Contarelli en San Luis de los Franceses (1599-1600), puso a un san Mateo con los pies sucios en una taberna con luz de sótano.
Pintaba directamente del modelo, sin dibujo preparatorio, con la figura recortada por un foco lateral sobre un fondo negro. Eso, y usar como santos a gente de la calle, le valió rechazos de encargos y una fama enorme a la vez. La cena de Emaús (1601) está en la National Gallery de Londres.
En 1606 mató a Ranuccio Tomassoni en una pelea y huyó de Roma con una condena de muerte encima. Pintó en Nápoles, en Malta —donde llegó a ser nombrado caballero y de donde fue expulsado— y en Sicilia. Murió a los treinta y ocho años en la costa toscana mientras volvía a Roma a buscar el perdón del papa.
Su tenebrismo es el caso más exigente que imprimimos: el negro debe quedar profundo pero con detalle dentro. Perfilamos cada obra para eso, sobre lienzo de algodón, y montamos el bastidor a mano en nuestro taller.