Joseph Mallord William Turner (Londres, 1775-1851) entró en la Royal Academy con catorce años y expuso allí con quince. Hijo de un barbero del Covent Garden, se pasó la vida viajando con el cuaderno encima: los Alpes, el Rin, Venecia, la costa escocesa. De esos viajes salieron miles de apuntes a la acuarela que luego traducía al óleo en el estudio.
Lo que le interesaba no era el paisaje, sino lo que pasa entre el paisaje y el ojo: la niebla, el vapor, el sol deshaciendo los contornos. En Lluvia, vapor y velocidad (1844, National Gallery de Londres) el tren casi desaparece dentro de la tormenta. En El Temerario remolcado a dique seco (1839, misma sala) un viejo navío de guerra se despide en un atardecer incendiado. Los críticos de su época hablaban de cuadros hechos de «vapor coloreado»; no lo decían como elogio.
Al morir legó a la nación británica unos trescientos óleos y cerca de treinta mil obras sobre papel, el fondo que hoy custodia la Tate.
Un Turner se juega en los degradados: si la transición del amarillo al gris se corta, el cuadro pierde la atmósfera. Imprimimos con tintas de alta gama sobre lienzo de algodón, que absorbe el color sin brillos, y montamos cada pieza a mano en nuestro taller de Jaén.