Edgar Degas (París, 1834-1917) expuso con los impresionistas y rechazó siempre la etiqueta. No le interesaba pintar al aire libre ni atrapar un instante de sol: trabajaba en el estudio, de memoria y con apuntes, componiendo con el rigor de un clásico.
Eligió unos pocos asuntos y los repitió durante décadas: bailarinas en el ensayo más que en la función, caballos antes de la carrera, planchadoras bostezando, mujeres peinándose. Los encuadres cortados y los puntos de vista altos vienen de la fotografía y de la estampa japonesa, que coleccionaba.
Al perder vista se pasó al pastel, de trazo más grande y color más libre, y a la escultura en cera. La pequeña bailarina de catorce años (1881), vestida con tutú de tela real, desconcertó a todo el mundo.
El pastel tiene un polvo mate que el papel brillante destruye. El lienzo de algodón lo reproduce mucho mejor, y montamos cada pieza a mano en nuestro taller de Jaén.