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Estirados acabado Estirados

Reflejados acabado Reflejados

Continuados acabado Continuados

Blanco acabado Blanco

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los detalles de nuestros cuadros marcan la diferencia
Una auténtica obra de arte

Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.

Lienzo Algodón 100%

lienzo algodón 100% Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.

Impresión Full HD - Fine Art - Giclée

impresion% Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.

Bastidor de madera fabricado a medida

lienzo algodón 100% Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.

Más información sobre la Obra Galatea

Galatea

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Galatea

Gustave Moreau

Public Domain

Simbolismo

Más información sobre el pintor Gustave Moreau

Gustave Moreau, nacido en París en 1826, llegó a un mundo del arte que se debatía entre el realismo crudo de Courbet y los primeros destellos del Impresionismo. Sin embargo, su mirada nunca se posó en la realidad observable ni en la luz fugaz. Moreau se sumergió en un universo propio, habitado por el mito, la religión y la literatura, buscando lo simbólico y lo trascendente. Fue un explorador de los paisajes interiores, de los sueños y las obsesiones del alma humana, erigiéndose como una voz singular del Simbolismo europeo. Lo que distingue a Gustave Moreau es su habilidad para construir mundos oníricos y opulentos, donde cada detalle es una joya y cada atmósfera, un misterio. Sus lienzos son como tapices visuales, cargados de un preciosismo que raya en lo obsesivo, donde lo sagrado y lo profano se entrelazan con una belleza inquietante y una sensación latente de fatalidad. Obras como su célebre Salomé bailando —también conocida como La aparición— o Júpiter y Sémele no son meras ilustraciones de relatos antiguos. Son, en realidad, complejas meditaciones sobre el poder, la seducción y la tragedia humana, donde cada pliegue de tela o cada gesto está imbuido de un significado profundo. Un aspecto fascinante de su trayectoria, y quizás el menos esperado, fue su papel como profesor en la École des Beaux-Arts. A pesar de cultivar un estilo tan personal y a menudo hermético, Moreau animó a sus alumnos a encontrar su propia voz, a no temer la experimentación y a explorar sin límites la imaginación. Entre sus pupilos se encontraban figuras que, años más tarde, liderarían el Fauvismo, como Henri Matisse y Georges Rouault. Aunque sus caminos estéticos divergieron radicalmente, siempre le guardaron un respeto profundo. Se cuenta que Moreau les aconsejaba con una humildad sorprendente: "Soy el puente por el que algunos pasarán". El legado de Gustave Moreau se mantiene vivo hoy en el Museo Gustave Moreau de París, su antigua casa y estudio, que él mismo legó al estado francés. Este espacio conserva intacto su universo creativo, permitiendo al visitante adentrarse en la mente del artista. Su obra, que en su momento fue admirada por escritores como Joris-Karl Huysmans —quien en su novela À rebours lo describió como "un místico que ha sabido encerrar en un marco de oro las alucinaciones de la carne"—, sigue cautivando por su belleza enigmática y su profunda exploración de la psique. Sirve de puente entre el romanticismo y las vanguardias del siglo XX, demostrando que la imaginación puede ser tan poderosa como la realidad.

Más información sobre el gérero artistico Simbolismo

El Simbolismo fue uno de los movimientos artísticos más importantes de finales del siglo XIX, originado en Francia y en Bélgica. En un manifiesto literario, publicado en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo como «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». Para los simbolistas, el mundo es un misterio por descifrar, y el poeta debe para ello trazar las correspondencias ocultas que unen los objetos sensibles (por ejemplo, Rimbaud establece una correspondencia entre las vocales y los colores en su soneto Vocales). Para ello es esencial el uso de la sinestesia. El movimiento tiene sus orígenes en Las flores del mal, libro emblema de Charles Baudelaire. El escritor Edgar Allan Poe, a quien Baudelaire apreciaba en gran medida, influyó también decisivamente en el movimiento, proporcionándole la mayoría de imágenes y figuras literarias que utilizaría. La estética del Simbolismo fue desarrollada por Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine en la década de 1870. Para 1880, el movimiento había atraído toda una generación de jóvenes escritores cansados de los movimientos realistas. El Simbolismo fue en sus comienzos una reacción literaria contra el Naturalismo y Realismo, movimientos anti-idealistas que exaltaban la realidad cotidiana y la ubicaban por encima del ideal. Estos movimientos provocaron un fuerte rechazo en la juventud parisina, llevándolos a exaltar la espiritualidad, la imaginación y los sueños.