Eugène Delacroix (Charenton-Saint-Maurice, 1798 — París, 1863) fue la cabeza visible del romanticismo francés y el adversario permanente de Ingres: donde uno defendía la línea, él defendía el color y el movimiento.
La libertad guiando al pueblo (1830), en el Louvre, convirtió una revuelta de tres días en una alegoría que todavía funciona. Antes había pintado La matanza de Quíos (1824), que le valió la acusación de haber cometido una masacre pictórica.
El viaje a Marruecos y Argelia de 1832 le cambió la paleta para siempre: volvió con cuadernos llenos de luz alta y sombras de color, no negras. Dedicó sus últimos años a los murales de la iglesia de Saint-Sulpice y escribió unos diarios que siguen siendo de lo mejor que ha dejado un pintor por escrito.
Su color vive de contrastes cálidos y fríos muy medidos. Los ajustamos con perfil propio antes de imprimir sobre lienzo de algodón, y montamos el bastidor a mano.