El Neoclasicismo es el estilo artístico que domina Europa entre 1750 y 1830, en plena Ilustración y en el contexto político de las revoluciones francesa y americana. Surge como reacción contra la frivolidad del Rococó y como retorno deliberado a los modelos de la Antigüedad clásica, redescubierta gracias a las excavaciones de Pompeya y Herculano. Es la pintura de la razón, del orden y del ideal cívico.
Sus rasgos pictóricos son inconfundibles: dibujo nítido y predominante sobre el color, composiciones equilibradas casi escultóricas, luz uniforme sin contrastes dramáticos, figuras de anatomía perfecta inspiradas en estatuas grecorromanas. Los temas son históricos y mitológicos, casi siempre con una lectura moral o cívica: heroísmo, sacrificio, deber.
El gran referente es el francés Jacques-Louis David, autor de El juramento de los Horacios (1784) y de La muerte de Marat, además de pintor oficial de Napoleón. Su discípulo Jean-Auguste-Dominique Ingres prolonga el movimiento con obras tan refinadas como La gran odalisca y El baño turco. En escultura, Antonio Canova alcanza la perfección formal con piezas como Las tres gracias.
Las reproducciones neoclásicas aportan elegancia formal y un aire palaciego a la decoración. Encajan especialmente bien en bibliotecas, despachos, salones de líneas clásicas y espacios con paredes en tonos claros que dejen respirar al dibujo.