El paisajismo es el género pictórico que toma el paisaje natural como tema central y autónomo, no como mero fondo de una escena. Aunque hay precedentes desde el Renacimiento flamenco, el paisaje se consolida como género mayor en la pintura holandesa del siglo XVII y alcanza su momento de máxima ambición durante el siglo XIX, con el romanticismo y las escuelas inglesa, francesa y norteamericana.
Lo que distingue al paisajismo de otros géneros es su relación íntima con la naturaleza: la luz a determinadas horas, las estaciones, la geografía concreta de un valle o una costa, la atmósfera de la niebla, la fuerza de una tormenta. Cada escuela aporta su sello: los holandeses pintan el horizonte bajo y los cielos enormes; los románticos buscan lo sublime; los impresionistas captan el instante luminoso; los pintores de Barbizon llevan el caballete al bosque.
La nómina es muy amplia y abarca varios siglos: Claude Lorrain y sus puertos clásicos, Jacob van Ruisdael en Holanda, J.M.W. Turner con sus tormentas, John Constable y su Inglaterra rural, Caspar David Friedrich con sus paisajes románticos, Camille Corot y la escuela de Barbizon, Albert Bierstadt y la Hudson River School norteamericana, además de los impresionistas y postimpresionistas.
Los paisajes son uno de los recursos decorativos más universales y atemporales. Funcionan en cualquier estancia: marinas y costas en dormitorios y baños, paisajes románticos en salones y bibliotecas, bosques y campiñas en zonas de trabajo o lectura.