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Estirados acabado Estirados

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los detalles de nuestros cuadros marcan la diferencia
Una auténtica obra de arte

Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.

Lienzo Algodón 100%

lienzo algodón 100% Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.

Impresión Full HD - Fine Art - Giclée

impresion% Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.

Bastidor de madera fabricado a medida

lienzo algodón 100% Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.

Más información sobre la Obra El sueño del pastor

El sueño del pastor

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El sueño del pastor

Johann Heinrich Füssli

Public Domain

Romanticismo

Más información sobre el pintor Johann Heinrich Füssli

Johann Heinrich Füssli, o Henry Fuseli como se le conoció en el mundo anglosajón, irrumpe en el panorama artístico a caballo entre el siglo XVIII y el XIX con una fuerza inusitada. Nacido en Zúrich en 1741, su camino inicial parecía destinado a la teología zwingliana, una formación que le otorgó una erudición profunda. Sin embargo, la llamada del arte fue más poderosa, llevándolo a abandonar los púlpitos por los pinceles y a establecerse en el vibrante Londres. En una era donde el Neoclasicismo dictaba las normas de la razón y la armonía, Füssli se atrevió a bucear en los rincones más oscuros de la psique humana. Sus lienzos son portales a los sueños, a lo sobrenatural y a las inquietudes góticas, un eco de lo que el Romanticismo más sombrío exploraría después. Su obra es un puente fascinante, donde la majestuosidad clásica se encuentra con una perturbadora y sublime ansiedad. Lo que distingue a Füssli es su habilidad para infundir lo macabro y lo sublime en composiciones que a menudo beben de fuentes literarias. Shakespeare, Milton o la mitología nórdica fueron sus musas. Sus figuras, con anatomías a veces exageradas y gestos cargados de dramatismo, no buscan la belleza ideal, sino la expresión cruda de emociones intensas: el terror, el éxtasis, la locura. Mientras otros pintores de historia narraban gestas heroicas, Füssli se sumergía en visiones y pesadillas. Su técnica, predominantemente óleo sobre lienzo, se complementaba con una abundante producción de dibujos, donde la línea y el contraste de luces y sombras creaban atmósferas de tensión palpable. Su lienzo más emblemático, La pesadilla (1781), es un testimonio elocuente de su visión. En él, una mujer yace indefensa, un íncubo se posa sobre su pecho y una yegua de ojos brillantes irrumpe desde la cortina. No es solo una imagen del miedo, sino una exploración de la sexualidad reprimida y los terrores nocturnos, un tema que resonó profundamente en su época y que sigue cautivando hoy. Otras obras como Titania y Bottom o El juramento de Rütli muestran su versatilidad. Se le asocia con el Romanticismo, aunque su base clásica le mantuvo anclado al Neoclasicismo, y fue un precursor de la "pintura de hadas" con sus representaciones fantásticas. Una curiosidad: su temprana vocación religiosa le llevó a ser ordenado pastor, un camino que abandonó para dedicarse plenamente al arte, un giro vital que sin duda nutrió su exploración de lo espiritual y lo demoníaco. Füssli, quien afirmó: "Uno de los signos más seguros de un genio original es la capacidad de crear una escuela, no de imitar una", dejó una huella duradera. Su audacia para representar lo irracional y lo fantástico influyó en generaciones posteriores de artistas, desde los simbolistas hasta los surrealistas. Hoy, su obra se valora por su originalidad, su profundidad psicológica y su capacidad para confrontar al espectador con los aspectos más oscuros y fascinantes del subconsciente. La influencia de Miguel Ángel y el Manierismo italiano es evidente en la fuerza de sus figuras y la composición de sus escenas.

Más información sobre el gérero artistico Romanticismo

La pintura romántica sucede a la pintura neoclásica de finales del XVIII, con unos nuevos gustos desarrollados por todas las facetas artísticas del Romanticismo como la literatura, la filosofía y la arquitectura. Está hermanada con los movimientos sociales y políticos, que ganaron cuerpo con la Revolución francesa. El término romántico, surgido en Inglaterra en el siglo XVII para referirse a la novela, fue adaptado a principios del siglo XIX a las artes plásticas, en contraposición al neoclasicismo imperante. El romanticismo en la pintura se extiende desde 1770 hasta 1870, prácticamente cien años, distinguiéndose tres periodos: 1770-1820 o prerromanticismo- El apogeo del romanticismo pictórico se da, aproximadamente, entre 1820 (hay fuentes que señalan 1815) y 1850 (o, por adoptar una fecha simbólica, 1848).- 1850-1870 o tradición post-romántica. Cada uno de estos períodos posee sus particularidades en cuanto lugares en que se desarrolló o artistas que lo adoptaron.