Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Avila
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Avila
Paisajismo
Aureliano de Beruete, nacido en el Madrid de 1845, trazó un camino singular en el panorama artístico español. Su formación no fue la habitual de los talleres académicos; antes de dedicarse por completo a los pinceles, Beruete se forjó como jurista y llegó a ocupar un escaño como diputado en las Cortes. Esta trayectoria vital, tan alejada de lo convencional, le regaló una libertad y una mirada propia para observar el mundo y, sobre todo, para pintarlo. Su visión no estaba atada a las normas, sino a una profunda y personal observación. En una época donde muchos artistas españoles miraban hacia París y sus vanguardias, Beruete encontró su musa en la meseta castellana. La sierra de Guadarrama y los horizontes de Toledo se convirtieron en el foco de su exploración, casi una obsesión. No se conformó con replicar el impresionismo francés; lo adaptó, lo hizo suyo, para capturar la paleta terrosa y la luz cruda de España. Sus obras, como la evocadora "Vista de Toledo" o sus estudios de la sierra, no son meras estampas, sino el eco de un paisaje que conocía y amaba con cada trazo. Lo que distingue a Aureliano de Beruete es esa capacidad de infundir alma al paisaje. Su aproximación al impresionismo es más sobria, más reflexiva, con una permanencia que se distancia de la fugacidad de algunos de sus coetáneos franceses. Es un arte que invita a la contemplación silenciosa, a sentir el aire y la tierra bajo el sol castellano. Además de su faceta como pintor, fue un intelectual activo, un coleccionista con una notable colección de Goya y El Greco, y un amigo cercano de Joaquín Sorolla, quien inmortalizó su figura en varios retratos. Esta dimensión de erudito y mecenas es inseparable de su figura. El legado de Aureliano de Beruete nos habla de un artista que supo traducir la esencia de un lugar. Sus cuadros ofrecen una mirada íntima a la Castilla de su tiempo, con una sensibilidad que sigue conmoviendo. Como José Ortega y Gasset apuntó con acierto, Beruete fue "el pintor de la luz de Castilla", una frase que resume la maestría con la que capturó el espíritu de su tierra, dejando una huella imborrable en el paisajismo español.
El vedutismo (de veduta, ‘vista’ en italiano; plural, vedute) es un género pictórico muy típico del Settecento (siglo XVIII) italiano, desarrollado sobre todo en la ciudad de Venecia. Enmarcadas dentro del paisajismo, las vedute son vistas generalmente urbanas, en perspectiva, llegando a veces a un estilo cartográfico, donde se reproducen imágenes panorámicas de la ciudad, describiendo con minuciosidad los canales, monumentos y lugares más típicos de Venecia, solos o con la presencia de la figura humana, generalmente de pequeño tamaño y en grandes grupos de gente. Concebidas como recuerdos –casi como postales– para viajeros extranjeros, las vedute tuvieron mucho éxito, llegando su influencia a casi todos los rincones de Europa, e iniciando una característica forma de representar el paisaje que fue imitada por muchos artistas europeos. Sus mayores exponentes fueron Canaletto, Bernardo Bellotto, Francesco Guardi, Michele Marieschi y Luca Carlevarijs.