Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
La costa de Hoda
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La costa de Hoda
Ukiyo-e / Estampa japonesa
Hiroshige, nacido como Andō Tokutarō en Edo en 1797, se alza como una de las figuras esenciales del ukiyo-e, el "arte del mundo flotante" que floreció en Japón durante el periodo Edo. Su pincel no solo capturó la esencia de un Japón que se asomaba al cambio, sino que también nos ofreció una ventana a la vida cotidiana, los paisajes y las estaciones de su tiempo. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, que a menudo se volcaban en actores de kabuki o cortesanas, Hiroshige encontró su verdadera voz en la representación del paisaje y la naturaleza, dotándolos de una atmósfera y una emotividad que pocos lograron igualar. Lo que realmente distingue a Hiroshige es su habilidad para infundir a sus paisajes una sensación de inmediatez y poesía. Sus composiciones, a menudo audaces y con perspectivas innovadoras, invitan al espectador a sumergirse en la escena, a casi sentir la lluvia, la nieve o el viento. Mientras otros maestros del ukiyo-e, como Hokusai, exploraban la fuerza dramática de la naturaleza, Hiroshige se inclinaba por una visión más lírica y contemplativa, capturando la belleza efímera de los momentos. Sus series como las "Cincuenta y tres estaciones de Tōkaidō" o las "Cien famosas vistas de Edo" no son meras topografías, sino evocaciones sentimentales de un viaje y un lugar. Resulta curioso saber que, a pesar de su creciente fama como artista, Hiroshige mantuvo su puesto como bombero en Edo durante gran parte de su vida, una posición que heredó de su padre. Esta conexión directa con la vida urbana y sus gentes, así como con los elementos naturales, sin duda enriqueció su perspectiva artística, dándole una autenticidad palpable a sus obras. Su muerte en 1858, durante una epidemia de cólera que asoló Edo, marcó el fin de una era para el ukiyo-e, justo antes de la Restauración Meiji y la apertura de Japón a Occidente. El impacto de Hiroshige es profundo. Sus grabados, junto con los de Hokusai, tuvieron una resonancia considerable en el arte occidental, especialmente en los impresionistas y postimpresionistas como Van Gogh, Monet y Whistler. Estos artistas europeos quedaron fascinados por sus composiciones asimétricas, sus colores planos y su uso de la línea. Hoy, su obra se valora no solo por su belleza intrínseca y su habilidad técnica, sino también como un testimonio precioso de la cultura y el paisaje del Japón del siglo XIX, un puente entre dos mundos y dos sensibilidades artísticas.
Ukiyo-e, "pinturas del mundo flotante" o estampa japonesa. Es un género de grabados (realizados mediante xilografía o técnica de grabado en madera) producidos en Japón entre los siglos XVII y XX, entre los que se encuentran imágenes paisajísticas, del teatro y de zonas de alterne. Ukiyo, hace referencia a la impetuosa cultura chonin que tuvo auge en los centros urbanos de Edo(actualmente Tokio), Osaka, y Kioto y que era un mundo dentro de sí. Es una alusión irónica al término homónimo "Mundo Doloroso", el plano terrenal de muerte y renacimiento en el que se basa la religión budista. Esta forma de arte alcanzó su mayor grado de popularidad en la cultura metropolitana de Edo durante la segunda mitad del siglo XVII, originándose con los trabajos de un solo color de Hishikawa Moronobu en la década de 1670. En un principio, solo se utilizaba tinta india, y luego algunos impresos eran coloreados de forma manual con pinceles, pero en el siglo XVIII Suzuki Harunobu desarrolló una técnica de impresión polícroma para producir nishiki-e. El Ukiyo-e era accesible dado que podía ser producido de forma masiva. Eran en su mayoría adquiridos por habitantes que por lo general no tenían el dinero suficiente como para comprar una pintura original. El tema original de los ukiyo-e era la vida de la ciudad, particularmente actividades y escenas de lugares de entretenimiento. Cortesanas hermosas, robustos luchadores de sumo y actores populares eran representados realizando actividades atractivas. Más adelante los retratos paisajistas se hicieron populares, y los temas políticos e imágenes sobre individuos de los estratos bajos de la sociedad fueron prohibidos volviéndose temas que raramente eran elaborados. El sexo fue también un tema prohibido, pero aparecía de forma continua en los impresos ukiyo-e. Algunos artistas y editoriales fueron sancionados por crear impresos ukiyo-e con escenas de sexo explícito, también conocidos como shunga.