Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Retrato de Johann Christian Bach
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Retrato de Johann Christian Bach
Neoclasicismo
En la efervescente Inglaterra del siglo XVIII, donde la demanda de retratos por parte de la ascendente burguesía y la aristocracia marcaba el pulso del arte, Thomas Gainsborough emergió con una voz singular. No buscaba la grandilocuencia ni la idealización clásica que otros, como Sir Joshua Reynolds, perseguían con ahínco. Su pincel, ligero y casi etéreo, se inclinaba por una naturalidad y una fluidez que lo hacían inconfundible, capturando no solo la semejanza física, sino también la esencia y la atmósfera del momento. Gainsborough tenía una habilidad particular para integrar a sus modelos en paisajes vibrantes, que en sí mismos eran obras de arte. Pensemos en "Mr. y Mrs. Andrews", una pieza que es tanto un retrato de una pareja acomodada como una celebración del idílico paisaje rural inglés. Esta obra, temprana en su carrera, ya mostraba su maestría para fusionar la figura humana con el entorno natural, creando una escena que invita a la conversación y a la contemplación. A pesar de que sus retratos le granjearon fortuna y una considerable fama, como el icónico "El muchacho azul", su corazón latía con más fuerza por la pintura de paisajes. Se cuenta que a menudo se sentía frustrado por las exigencias de sus clientes, llegando a exclamar: "Estoy harto de los retratos, y desearía mucho coger mi viola de gamba y marcharme a algún dulce pueblo, donde pueda pintar paisajes y disfrutar del final de mi vida en paz y ser feliz." Este anhelo por la libertad creativa, junto a su amor por la música —incluso inventó sus propios instrumentos—, nos revela a un artista de espíritu inquieto, que buscaba la armonía tanto en la paleta como en la melodía. Su obra se enmarca dentro del Rococó británico y la Escuela inglesa de pintura, pero Gainsborough infundió a estos movimientos una gracia y una espontaneidad que pocos igualaron. Su técnica, predominantemente el óleo sobre lienzo, se distinguía por una pincelada suelta y vibrante, que anticipaba sensibilidades posteriores. Hoy, sus lienzos se valoran no solo por su belleza, sino por la humanidad y la sensibilidad con la que capturó a sus sujetos y los paisajes que tanto amó, dejando una huella imborrable en la historia del arte británico.
El término Neoclasicismo (del griego "neos"-????, latín "classicus" y griego "ismos"-?sµ??) surgió en el siglo XVIII para denominar de forma peyorativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes los principios intelectuales de la Ilustración, que desde mediados del siglo XVIII se venían produciendo en la filosofía, y que consecuentemente se habían transmitido a todos los ámbitos de la cultura. Sin embargo, coincidiendo con el ocaso de Napoleón Bonaparte, el Neoclasicismo fue perdiendo adeptos en favor del Romanticismo. Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations sur les antiquités de la ville d'Herculaneum, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas. De estas expediciones nacieron libros como: Le Antichitá di Ercolano (1757-1792) elaborada publicación financiada por el Rey de Nápoles (luego Carlos III de España), que sirvieron de fuente de inspiración para los artistas de esta época, a pesar de su escasa divulgación. También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. En la ciudad se visitaban las ruinas, se intercambiaban ideas y cada uno iba adquiriendo un bagaje cultural que llevaría de vuelta a su tierra de origen. Allí surgió en 1690 la llamada Academia de la Arcadia o Arcades de Roma, que con sus numerosas sucursales o coloniae por toda Italia y su apuesta por el equilibrio de los modelos clásicos y la claridad y la sencillez impulsó la estética neoclásica. La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Entre ellos estaba el prusiano Joachim Winckelmann (1717-1768), un entusiasta admirador de la cultura griega y un detractor del rococó francés; su obra Historia del Arte en la Antigüedad (1764) es una sistematización de los conocimientos artísticos desde la antigüedad a los romanos. En Roma también trabajaba Giovanni Battista Piranesi (1720-1778); en sus grabados, como Antichitá romana (1756) o Las cárceles inventadas (1745-1760), y transmite una visión diferente de las ruinas con imágenes en las que las proporciones desusadas y los contrastes de luces y sombras buscan impresionar al espectador. El trabajo está cargado de simbolismo: la figura en el centro representa la verdad rodeada por una luz brillante (el símbolo central de la iluminación). Otras dos figuras a la derecha, la razón y la filosofía, están rasgando el velo que cubre verdad. La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de la Razón (filosofía) por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humanos. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.