Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Una mujer para dioses
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Una mujer para dioses
Expresionismo
Paul Klee, un nombre que resuena con una melodía visual única, nos invita a un viaje por el siglo XX, una época de ebullición donde las vanguardias artísticas buscaban romper con lo establecido. Klee, con su violín y su pincel, compuso una sinfonía propia que sigue fascinando. No se adscribió rígidamente a una única corriente; más bien, tomó del expresionismo su carga emocional y de la Bauhaus, donde fue un influyente profesor, su rigor formal, para forjar un lenguaje personal que se adentró profundamente en el arte abstracto. Su obra es un diálogo constante entre lo visible y lo invisible, lo consciente y lo subconsciente. Paul Klee tenía una capacidad asombrosa para transformar la realidad en símbolos y formas que evocan sueños y estados de ánimo. Sus lienzos son pequeños universos donde la línea canta y el color susurra, invitando a una contemplación profunda. Esta exploración de un mundo interior, a menudo lúdico y poético, lo distingue de muchos de sus contemporáneos, que se enfocaban más en la representación externa o la crítica social directa. Entre sus piezas más evocadoras, encontramos "Ad Parnassum" (1932), una cumbre de su fase puntillista que evoca la arquitectura y la luz de un templo, mostrando su dominio en la composición y el color. "Senecio" (1922), con su rostro enigmático y geométrico, es un icono de su etapa en la Bauhaus, simple en apariencia pero cargado de significado. Y cómo olvidar "La máquina gorjeante" (1922), una invención fantástica que parece cobrar vida con sus sonidos mecánicos, una joya de ingenio y fantasía. Paul Klee fue un experimentador técnico, utilizando acuarela, óleo, tinta y técnicas mixtas para lograr texturas y efectos únicos. Aunque se le asocia con el expresionismo por su emotividad y con la Bauhaus por su enfoque pedagógico y formal, su verdadera posición fue la de un explorador solitario, influenciado por el cubismo de Robert Delaunay y la abstracción de Wassily Kandinsky, pero siempre fiel a su visión. Un dato curioso es que Klee fue un violinista consumado, llegando a considerar una carrera en la música antes de dedicarse por completo a la pintura, una pasión que sin duda nutrió el ritmo y la armonía de sus composiciones. "El arte no reproduce lo visible, sino que hace visible", afirmó Paul Klee. Esta frase resume su legado: una invitación a mirar más allá, a descubrir las estructuras ocultas del mundo y de nuestra propia imaginación. Su obra sigue siendo una fuente inagotable de asombro, un puente entre el arte y la filosofía, que nos enseña a ver con el corazón y la mente. Su lugar en la historia del arte es el de un visionario que abrió caminos hacia la abstracción lírica y el simbolismo personal.
Con sus colores violentos y su temática de soledad y de miseria, el expresionismo reflejó la amargura que invadió a los círculos artísticos e intelectuales de la Alemania prebélica, así como de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y del período de entreguerras (1918-1939). Esa amargura provocó un deseo vehemente de cambiar la vida, de buscar nuevas dimensiones a la imaginación y de renovar los lenguajes artísticos. El expresionismo defendía la libertad individual, la primacía de la expresión subjetiva, el irracionalismo, el apasionamiento y los temas prohibidos –lo morboso, demoníaco, sexual, fantástico o pervertido–. Intentó reflejar una visión subjetiva, una deformación emocional de la realidad, a través del carácter expresivo de los medios plásticos, que cobraron una significación metafísica, abriendo los sentidos al mundo interior. Entendido como una genuina expresión del alma alemana, su carácter existencialista, su anhelo metafísico y la visión trágica del ser humano en el mundo le hicieron reflejo de una concepción existencial liberada al mundo del espíritu y a la preocupación por la vida y la muerte, concepción que se suele calificar de "nórdica" por asociarse al temperamento que tópicamente se identifica con el estereotipo de los países del norte de Europa. Fiel reflejo de las circunstancias históricas en que se desarrolló, el expresionismo reveló el lado pesimista de la vida, la angustia existencial del individuo, que en la sociedad moderna, industrializada, se ve alienado, aislado. Así, mediante la distorsión de la realidad pretendían impactar al espectador, llegar a su lado más emotivo e interior. El expresionismo no fue un movimiento homogéneo, sino de gran diversidad estilística: hay un expresionismo modernista (Munch), fauvista (Rouault), cubista y futurista (Die Brücke), surrealista (Klee), abstracto (Kandinski), etc. Aunque su mayor centro de difusión se dio en Alemania, también se percibe en otros artistas europeos (Modigliani, Chagall,Soutine, Permeke) y americanos (Orozco, Rivera, Siqueiros, Portinari). En Alemania se organizó principalmente en torno a dos grupos: Die Brücke (fundado en 1905), y Der Blaue Reiter (fundado en 1911), aunque hubo algunos artistas no adscritos a ningún grupo. Después de la Primera Guerra Mundial apareció la llamada Nueva Objetividad, que si bien surgió como rechazo al individualismo expresionista defendiendo un carácter más social del arte, su distorsión formal y su colorido intenso les hacen herederos directos de la primera generación expresionista.