Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Vieja hilando
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Vieja hilando
Barroco
Bartolomé Esteban Murillo emerge en la Sevilla del siglo XVII, una ciudad que bullía como epicentro cultural y religioso de la España barroca. En este ambiente de fervor contrarreformista y esplendor mercantil, Murillo forjó un estilo que, si bien se nutría de la tradición tenebrista de sus contemporáneos, pronto encontró una voz propia, más luminosa y amable. Su pincel no buscaba el dramatismo crudo de un Ribera, sino la expresión de una piedad serena y una humanidad conmovedora. Lo que distingue a Murillo es su capacidad para infundir una dulzura inconfundible tanto en sus representaciones sacras como en sus escenas de la vida cotidiana. Sus Inmaculadas, envueltas en nubes vaporosas y rodeadas de ángeles, irradian una belleza etérea que las hizo enormemente populares. Pero su genio también se manifiesta en sus 'niños de la calle', figuras que, lejos de idealizaciones, muestran una realidad tierna y a menudo melancólica, como en *Niños comiendo uvas y melón*. La Inmaculada Concepción de los Venerables es otro testimonio de su maestría en la composición y el uso del color para evocar lo divino. Un detalle poco conocido es que Murillo, a diferencia de otros maestros que trabajaban para la corte, mantuvo un taller muy activo en Sevilla, formando a numerosos discípulos y atendiendo una gran demanda de la burguesía y las órdenes religiosas locales. Esta conexión directa con su entorno le permitió captar la esencia de su gente. El historiador Antonio Palomino, en su *Museo pictórico y escala óptica* (1724), lo describió como 'el más dulce y suave pintor que ha habido en España', una apreciación que resume bien su impronta. El legado de Murillo es complejo. Tras un periodo de inmensa popularidad en los siglos XVIII y XIX, su obra fue objeto de cierta crítica por su aparente sentimentalismo. Sin embargo, hoy se revaloriza su técnica, su dominio de la luz y la sombra, y su habilidad para transmitir emociones profundas sin caer en la grandilocuencia. Su visión humanizada de lo sagrado y su mirada compasiva hacia lo mundano siguen resonando, ofreciendo una ventana a la sensibilidad del Barroco sevillano.
El Barroco fue un período de la historia en la cultura occidental originado por una nueva forma de concebir las artes visuales (el «estilo barroco») y que, partiendo desde diferentes contextos histórico-culturales, produjo obras en numerosos campos artísticos: literatura,arquitectura, escultura, pintura, música, ópera, danza, teatro, etc. Se manifestó principalmente en la Europa occidental, aunque debido al colonialismo también se dio en numerosas colonias de las potencias europeas, principalmente en Latinoamérica. Cronológicamente, abarcó todo el siglo XVII y principios del XVIII, con mayor o menor prolongación en el tiempo dependiendo de cada país. Se suele situar entre el Manierismo y el Rococó, en una época caracterizada por fuertes disputas religiosas entre países católicos y protestantes, así como marcadas diferencias políticas entre los Estados absolutistas y los parlamentarios, donde una incipiente burguesía empezaba a poner los cimientos del capitalismo. Como estilo artístico, el Barroco surgió a principios del siglo XVII (según otros autores a finales del XVI) en Italia —período también conocido en este país como Seicento—, desde donde se extendió hacia la mayor parte de Europa. Durante mucho tiempo (siglos XVIII yXIX) el término «barroco» tuvo un sentido peyorativo, con el significado de recargado, engañoso, caprichoso, hasta que fue posteriormente revalorizado a finales del siglo XIX porJacob Burckhardt y, en el XX, por Benedetto Croce y Eugeni d'Ors. Algunos historiadores dividen el Barroco en tres períodos: «primitivo» (1580-1630), «maduro» o «pleno» (1630-1680) y «tardío» (1680-1750). Aunque se suele entender como un período artístico específico, estéticamente el término «barroco» también indica cualquier estilo artístico contrapuesto al clasicismo, concepto introducido por Heinrich Wölfflin en 1915. Así pues, el término «barroco» se puede emplear tanto como sustantivo como adjetivo. Según este planteamiento, cualquier estilo artístico atraviesa por tres fases: arcaica, clásica y barroca. Ejemplos de fases barrocas serían el arte helenístico, el arte gótico, el romanticismo o el modernismo. El arte se volvió más refinado y ornamentado, con pervivencia de un cierto racionalismo clasicista pero adoptando formas más dinámicas y efectistas y un gusto por lo sorprendente y anecdótico, por las ilusiones ópticas y los golpes de efecto. Se observa una preponderancia de la representación realista: en una época de penuria económica, el hombre se enfrenta de forma más cruda a la realidad. Por otro lado, a menudo esta cruda realidad se somete a la mentalidad de una época turbada y desengañada, lo que se manifiesta en una cierta distorsión de las formas, en efectos forzados y violentos, fuertes contrastes de luces y sombras y cierta tendencia al desequilibrio y la exageración.