Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Jongkind Schlittschuhläufer
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Jongkind Schlittschuhläufer
Impresionismo
Johan Barthold Jongkind aparece en el escenario artístico europeo justo cuando el siglo XIX empezaba a sacudirse las cadenas de la academia. Su pincel, lejos de la rigidez imperante, se convirtió en un puente vibrante entre la rica tradición paisajística holandesa y la audacia que pronto definiría al impresionismo francés. No fue un teórico, sino un alma observadora, hipnotizada por la luz y la atmósfera, especialmente en los puertos y las riberas del Sena. Lo que realmente distingue a Jongkind es su habilidad para atrapar la esencia fugaz de un momento. Su pincelada, a menudo libre y llena de vida, no se detiene en el detalle minucioso. Busca, en cambio, la impresión general, el juego de la luz sobre el agua o la silueta de un barco bajo un cielo cambiante. Mientras muchos de sus coetáneos se aferraban al estudio, Jongkind salía al aire libre, capturando bocetos rápidos que luego transformaba en lienzos con una frescura que asombró a artistas más jóvenes. Obras como "Puerto de Honfleur" o "Vista de Róterdam" son ventanas a su universo. En ellas, la luz del atardecer o el reflejo de las nubes en el agua no son meros elementos; se convierten en los verdaderos protagonistas de la escena. Es curioso pensar que, a pesar de un temperamento melancólico y sus batallas personales con la depresión y el alcohol, Jongkind fuera capaz de infundir tanta vitalidad y luminosidad en sus paisajes. Su obra es un testimonio de cómo la sensibilidad puede transformar la realidad. El legado de Johan Barthold Jongkind es el de un visionario silencioso. Su huella en la generación impresionista es profunda; de hecho, Claude Monet, una de las voces más importantes del movimiento, afirmó: "A él le debo la educación definitiva de mi ojo". Hoy, sus cuadros no solo se valoran como un eslabón histórico, sino por su belleza intrínseca, por esa invitación a mirar el mundo con ojos nuevos, donde la luz y el color son los narradores principales.
Aunque el término Impresionismo se aplica en diferentes artes como la música y la literatura, su vertiente más conocida, y aquella que fue la precursora, es la pintura. El movimiento plástico impresionista se desarrolló a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa —principalmente en Francia— caracterizado, a grandes rasgos, por el intento de plasmar la luz (la «impresión» visual) y el instante, sin reparar en la identidad de aquello que la proyectaba. Es decir, si sus antecesores pintaban formas con identidad, los impresionistas pintaban el momento de luz, más allá de las formas que subyacen bajo este. El movimiento fue bautizado por la crítica como impresionismo con ironía y escepticismo respecto al cuadro de Monet. Impresión: sol naciente. Siendo diametralmente opuesto a la pintura metafísica, su importancia es clave en el desarrollo del arte posterior, especialmente del postimpresionismo y las vanguardias.