Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
El Laminador
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El Laminador
Romanticismo
Carl Blechen, un alma inquieta nacida en Cottbus en 1798, irrumpió en el Romanticismo alemán con una voz singular. Mientras muchos de sus contemporáneos idealizaban la naturaleza, Blechen la observaba con una franqueza que a veces rozaba lo melancólico, lo crudo. Sus paisajes no eran solo escenarios bucólicos; eran espejos de un alma compleja, anticipando sensibilidades que el realismo e incluso el impresionismo explorarían mucho después. Antes de que el pincel se convirtiera en su extensión, Carl Blechen trabajó como empleado de banca. Una profesión que contrasta vivamente con la libertad y la introspección que más tarde buscaría en el arte. Fue un giro inesperado que lo llevó a las academias y, finalmente, a un viaje transformador por Italia entre 1828 y 1829. Allí, lejos de las postales turísticas, se sumergió en la luz mediterránea, capturando la majestuosidad de "La gruta de Posillipo" y la intimidad de "El jardín de la Villa de Este". Lo que realmente distingue a Blechen es su audacia para mostrar la mano del hombre en el paisaje. En obras como "Construcción del Puente del Diablo", no teme abordar la incipiente industrialización, revelando una fuerza casi brutal en la transformación del entorno. Su técnica, basada en el óleo sobre lienzo, le permitía manipular la luz y la sombra con una maestría que creaba atmósferas cargadas de emoción. Sus cielos tormentosos y la luz filtrándose entre las hojas no son meros detalles; son protagonistas que dictan el estado de ánimo de la obra. "Molino de agua cerca de Amalfi" es un ejemplo de cómo Blechen trascendía la mera representación rural para ofrecer una meditación sobre el tiempo y la existencia. Sin embargo, esta profunda sensibilidad venía acompañada de una lucha interna. Sus últimos años se vieron ensombrecidos por una grave enfermedad mental que lo llevó a un asilo, silenciando su pincel en 1840. "Soy un hombre pobre y enfermo, y mi arte es mi único consuelo", se le atribuye, una ventana a su atormentado espíritu. Hoy, su legado se valora por su modernidad y su honestidad emocional, un artista que se atrevió a mirar la naturaleza y a sí mismo con una mirada inquebrantable.
La pintura romántica sucede a la pintura neoclásica de finales del XVIII, con unos nuevos gustos desarrollados por todas las facetas artísticas del Romanticismo como la literatura, la filosofía y la arquitectura. Está hermanada con los movimientos sociales y políticos, que ganaron cuerpo con la Revolución francesa. El término romántico, surgido en Inglaterra en el siglo XVII para referirse a la novela, fue adaptado a principios del siglo XIX a las artes plásticas, en contraposición al neoclasicismo imperante. El romanticismo en la pintura se extiende desde 1770 hasta 1870, prácticamente cien años, distinguiéndose tres periodos: 1770-1820 o prerromanticismo- El apogeo del romanticismo pictórico se da, aproximadamente, entre 1820 (hay fuentes que señalan 1815) y 1850 (o, por adoptar una fecha simbólica, 1848).- 1850-1870 o tradición post-romántica. Cada uno de estos períodos posee sus particularidades en cuanto lugares en que se desarrolló o artistas que lo adoptaron.