Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
María Josefa de Lorena, archiduquesa de Austria
420101000485
María Josefa de Lorena, archiduquesa de Austria
Neoclasicismo
Anton Raphael Mengs irrumpió en el panorama artístico del siglo XVIII como un auténtico visionario, un espíritu inquieto que, en plena efervescencia rococó, ya miraba hacia la pureza y la grandeza de la antigüedad clásica. No fue un mero seguidor de tendencias, sino un pensador del arte, un "profeta" que sentó las bases de lo que pronto sería el Neoclasicismo, un movimiento que buscaba la razón y la forma ideal. Su formación inicial, bajo la guía de su padre, Ismael Mengs, le dio una base sólida, pero fue en Roma donde su visión se forjó por completo. Allí, la profunda amistad con el arqueólogo Johann Joachim Winckelmann fue crucial. Juntos, compartieron una fascinación por la estética clásica, desentrañando los secretos de la belleza antigua y abogando por un arte que trascendiera la ligereza superficial del momento. Lo que realmente distingue a Mengs es su compromiso intelectual. No solo pintaba, sino que teorizaba sobre cada pincelada. Buscó una síntesis, un "eclecticismo idealista" que aspiraba a combinar la gracia de Rafael, la expresividad de Correggio, la riqueza cromática de Tiziano y la impecable corrección del dibujo clásico. Su fresco del Parnaso en Villa Albani, en Roma, es un manifiesto de esta nueva estética: una composición clara, figuras heroicas y una sobriedad que marcaba una distancia abismal con el Rococó. Mengs exploró principalmente el retrato, la pintura histórica y la alegórica, utilizando el óleo sobre lienzo y el fresco con una maestría indiscutible. Su influencia cruzó fronteras, llegando a ser pintor de cámara del rey Carlos III en España. Aquí dejó joyas como Augusto y Cleopatra o la Adoración de los Pastores, ambas custodiadas en el Museo del Prado, que muestran su capacidad para adaptar su visión a diferentes contextos. A pesar de su éxito y su posición privilegiada, la vida de Mengs estuvo teñida de una melancolía persistente y una salud frágil. Un detalle poco conocido es su conversión al catolicismo en Roma, un paso significativo para alguien de origen luterano bohemio, que revela la profundidad de su inmersión en la cultura romana. Winckelmann, su gran amigo y mentor, llegó a afirmar: "Mengs es el más grande artista de su tiempo, y quizás de todos los tiempos, por su conocimiento de la antigüedad y su capacidad para imitarla". Su legado es el de un puente esencial entre dos mundos, un artista que redefinió la belleza y la moral en el arte.
El término Neoclasicismo (del griego "neos"-????, latín "classicus" y griego "ismos"-?sµ??) surgió en el siglo XVIII para denominar de forma peyorativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes los principios intelectuales de la Ilustración, que desde mediados del siglo XVIII se venían produciendo en la filosofía, y que consecuentemente se habían transmitido a todos los ámbitos de la cultura. Sin embargo, coincidiendo con el ocaso de Napoleón Bonaparte, el Neoclasicismo fue perdiendo adeptos en favor del Romanticismo. Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations sur les antiquités de la ville d'Herculaneum, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas. De estas expediciones nacieron libros como: Le Antichitá di Ercolano (1757-1792) elaborada publicación financiada por el Rey de Nápoles (luego Carlos III de España), que sirvieron de fuente de inspiración para los artistas de esta época, a pesar de su escasa divulgación. También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. En la ciudad se visitaban las ruinas, se intercambiaban ideas y cada uno iba adquiriendo un bagaje cultural que llevaría de vuelta a su tierra de origen. Allí surgió en 1690 la llamada Academia de la Arcadia o Arcades de Roma, que con sus numerosas sucursales o coloniae por toda Italia y su apuesta por el equilibrio de los modelos clásicos y la claridad y la sencillez impulsó la estética neoclásica. La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Entre ellos estaba el prusiano Joachim Winckelmann (1717-1768), un entusiasta admirador de la cultura griega y un detractor del rococó francés; su obra Historia del Arte en la Antigüedad (1764) es una sistematización de los conocimientos artísticos desde la antigüedad a los romanos. En Roma también trabajaba Giovanni Battista Piranesi (1720-1778); en sus grabados, como Antichitá romana (1756) o Las cárceles inventadas (1745-1760), y transmite una visión diferente de las ruinas con imágenes en las que las proporciones desusadas y los contrastes de luces y sombras buscan impresionar al espectador. El trabajo está cargado de simbolismo: la figura en el centro representa la verdad rodeada por una luz brillante (el símbolo central de la iluminación). Otras dos figuras a la derecha, la razón y la filosofía, están rasgando el velo que cubre verdad. La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de la Razón (filosofía) por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humanos. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.