Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Montado oficial de los carabineros
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Montado oficial de los carabineros
Jean-Louis André Théodore Géricault
Romanticismo
Théodore Géricault irrumpió en el panorama artístico francés a principios del siglo XIX con una energía que anunciaba el Romanticismo. En una época donde el Neoclasicismo aún dictaba las normas con su frialdad idealizada, Géricault buscó una verdad más cruda, una emoción desbordante que conectara con los acontecimientos de su tiempo. Su carrera fue fugaz, apenas una década, pero su impacto fue profundo, redefiniendo lo que el arte podía y debía expresar. Su obra más icónica, "La balsa de la Medusa" (1819), no es solo la representación de un naufragio real y escandaloso; es una alegoría universal de la lucha por la supervivencia y la fragilidad humana. Géricault se sumergió en una investigación exhaustiva, entrevistando a los pocos supervivientes y, en un gesto que revela su obsesión por la autenticidad, estudió cadáveres y miembros amputados en hospitales. Quería capturar la anatomía del sufrimiento con una veracidad inquietante, desafiando las convenciones académicas y clamando por una verdad visceral en el lienzo. Más allá de esta pieza monumental, Géricault exploró otros géneros con la misma intensidad. Sus "retratos de locos" son estudios psicológicos que revelan una profunda empatía por la condición humana marginal, mostrando la dignidad incluso en la desesperación. También le fascinaban los temas militares, como en "Oficial de cazadores a caballo de la guardia imperial cargando", y la majestuosidad de los caballos, capturando su fuerza y movimiento con una pincelada vigorosa y un uso dramático del claroscuro, herencia de maestros como Caravaggio y Rubens, y la monumentalidad de Miguel Ángel. El legado de Théodore Géricault es inmenso. A pesar de su temprana muerte a los 32 años a causa de un accidente ecuestre, su visión abrió nuevos caminos para el Romanticismo y sentó las bases para el Realismo posterior. Su amigo y colega Eugène Delacroix, quien posó para uno de los personajes de "La balsa de la Medusa", llegó a decir: "Géricault me permitió ver la luz". Su obra sigue siendo un testimonio de la capacidad del arte para confrontar la realidad más dura y transformarla en una experiencia estética y emocional profunda.
La pintura romántica sucede a la pintura neoclásica de finales del XVIII, con unos nuevos gustos desarrollados por todas las facetas artísticas del Romanticismo como la literatura, la filosofía y la arquitectura. Está hermanada con los movimientos sociales y políticos, que ganaron cuerpo con la Revolución francesa. El término romántico, surgido en Inglaterra en el siglo XVII para referirse a la novela, fue adaptado a principios del siglo XIX a las artes plásticas, en contraposición al neoclasicismo imperante. El romanticismo en la pintura se extiende desde 1770 hasta 1870, prácticamente cien años, distinguiéndose tres periodos: 1770-1820 o prerromanticismo- El apogeo del romanticismo pictórico se da, aproximadamente, entre 1820 (hay fuentes que señalan 1815) y 1850 (o, por adoptar una fecha simbólica, 1848).- 1850-1870 o tradición post-romántica. Cada uno de estos períodos posee sus particularidades en cuanto lugares en que se desarrolló o artistas que lo adoptaron.