MUNCH, EDVAR. EL GRITO DESESPERADO.
martes, 13 de enero de 2015
“La enfermedad, la
locura y la muerte fueron los ángeles que rodearon mi cuna y me siguieron
durante toda mi vida”. Edvar Munch.
Así describía el genial pintor noruego su traumática existencia, siendo muy joven
le tocó jugar el papel de actor presente en la escena de muerte de su madre y
hermana debido a la tuberculosis. Su
padre, médico militar, muy severo, entregado a obsesiones de tipo religioso fallece también cuando Munch
cuenta con 26 años de edad.
En definitiva,
una vida tumultuosa marcada por la tragedia,
la soledad, la angustia, la muerte, la desesperanza y el erotísmo, los cuales se convierten en los temas recurrentes de su obra.
Decía el pintor de sí
mismo que si bien Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado
cuerpos, él se había entregado a
hacer lo mismo con las almas. Lo cual
nos muestra un ejemplo del controvertido e intenso mundo interior del pintor,
que contribuirá a arrojar al mundo obras como “Melancolía”, “Muerte de un
Bohemio”, “Amantes” o “ El Grito”.
Este último, su cuadro más afamado sin duda, realizado en 1893, representado en
varios cuadros La versión más famosa se
encuentra en la Galería Nacional de Oslo. Otras dos versiones del cuadro se
encuentran en el Museo Munch, también en Oslo, mientras que una cuarta versión
pertenece a una colección particular.
El cuadro empieza a
gestarse ya en propias palabras del pintor: “Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el
cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de
cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo
y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de
ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
Hoy os dejamos con estas breves pinceladas en el lienzo de
la vida de este pintor noruego que pronto estará en nuestro catálogo para que podáis
disfrutar de su obra 71 años después de su muerte.