“Todas las obras de
arte creadas por la mente sin tener en cuenta el exterior siguen siendo
auténticas en todos los tiempos”. Franz Marc. A veces, sin saber por qué, fijamos los ojos en una imagen
ocultándola con la mirada por completo, escudriñando cada detalle, cada
elemento, la composición los colores, tramas, formas y fondos, intentando
agotar por completo en un examen concienzudo todo aquello que nos parece
relevante de manera sistemática, como un niño mira un juguete por primera vez,
hasta la saciedad.
Otra veces hacemos una lectura de la imagen como si nuestra
mente fuese un escáner, parándonos sólo en los aspectos de la misma que captan
nuestra atención más vigorosamente, como si el niño que llevamos dentro ya
tuviese conocimiento del objeto y brevemente admira una forma concreta, un
color específico, y luego aparta la vista en busca de nuevas sensaciones.
Si lo que temes a la hora de elegir una imagen es correr el
riesgo de “cansarte de ella” no lo dudes, busca una obra de arte. Una obra de
arte se llama así porque nunca te cansas de verla, porque te obliga a seguir
contemplándola de manera indefinida sin saber muy bien que te mueve a ello,
porque siempre te parece encontrar en ella aspectos nuevos o ya conocidos pero
que parecen decirte cosas distintas y hacer lecturas nuevas en un trazo o
grueso del pincel o en el detalle de una figura, algo antiguo y nuevo que te
toca la fibra, que te conmueve más allá de la técnica con que está creado, allí
donde la estructura y el contenido dejan de serlo para volverse sustancia.
En Cuadros y Vinilos creemos firmemente en la interacción no
sólo a nivel subconsciente sino consciente entre las imágenes y el ser humano,
por eso nos esforzamos día a día en incrementar cuidadosamente nuestro catálogo
así como depurarlo en base a las valoraciones de nuestros usuarios, prestando
especial interés en nuestra colección de obras de arte, a las que dedicamos un
espacio exclusivo en nuestro menú principal: y de cuya calidad para la impresión cabe presumir.
Decía John Keats que “Una obra de arte es un gozo eterno”.
De lo cual podemos deducir que las obras de arte sea cual sea su género o el
año en que fueron concebidas son atemporales, y aunque es obvio que el estilo
decorativo de nuestro hogar puede marcar límites a según qué imágenes, también
es verdad que algunas de ellas que jamás habríamos pensado que pudieran
integrarse en nuestros espacios, pueden significar un
acierto sorprendente y… eterno.