Bordes Estirados / Listo para colgar
Los 3 cm. de grosor de cada lateral del marco van impresos con una pequeña zona de la imagen cercana a los bordes, la cual es estirada para dar una sensación de continuidad de la misma.
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Cuadros prefabricados en cuatro medidas (pequeño, mediano, grande y extragrande), con stock continuo y con un precio reducido para que puedas tenerlo en casa en el menor tiempo posible.
Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Este cuadro famoso de Jean-Léon Gérome, Piscina en un Harem fue robado de manera drástica en el año 2001, El ladrón lo recorto dentro del marco y huyó, diez años después fue encontrado en Moscú, abandonado. Se tardaron cuatro años para restaurarlo por completo. Este cuadro fue un encargo del príncipe Alejandro III a Jean-Léon Gérome, famoso pintor academicista que cuenta entre sus obras de arte con títulos famosos como: Duelo Después de la Mascarada, La Venta de la Esclava ó su representación moderna del mito de Pigmalión y Galatea, La Muerte de Cesar o El Encantador de Serpientes. Un lienzo famoso hecho sin duda para disfrutar de la contemplación. Por eso nosotros en Cuadros Famosos hemos contemplado este cuadro al óleo como indispensable entre nuestros clientes, estando entre los más vendidos. Cómpralo ahora en nuestra sección de Top Ventas fabricado con los mejores materiales y el mejor precio.
El cuadro Piscina en un Harem es una obra del pintor francés Jean-Léon Gérôme, que data del año 1876. La pintura muestra una escena exótica en un harem oriental, donde las mujeres disfrutan de una refrescante tarde en una piscina rodeada de arcos decorados y flores. La pintura es un ejemplo de la fascinación que sentía Gérôme por el Oriente y su estilo de vida. El detalle y colorido utilizado para representar la escena es impresionante y refleja la habilidad del pintor. Esta pintura está expuesta en el Museo de Arte Walters de Baltimore (EE.UU), donde los visitantes pueden disfrutar de la belleza y fascinación de esta obra maestra del arte orientalista. Si quieres adquirir un cuadro de alta calidad con la imagen de Piscina en un Harem de Gérôme para decorar tu hogar o negocio, te invitamos a visitar nuestra tienda de cuadros famosos.
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Piscina en un Harem
Academicismo
Jean-Léon Gérôme se erige en el siglo XIX francés como un baluarte del Academicismo, una corriente que él no solo representó, sino que infundió con una vitalidad singular. En una época donde las pinceladas impresionistas comenzaban a difuminar contornos, Gérôme apostó por la nitidez, por un realismo que rozaba lo fotográfico, mucho antes de que la cámara dominara la escena artística. Su arte no buscaba la impresión fugaz, sino la verdad palpable, la textura visible, el gesto congelado en un instante dramático. Sus lienzos son ventanas a mundos recreados con una meticulosidad asombrosa. ¿Cómo no sentir la tensión en Pollice Verso (1872), donde un pulgar hacia abajo sentencia un destino, o la atmósfera exótica de La Danse de l'Almée (1863)? Jean-Léon Gérôme poseía una habilidad única para traer a la vida la Antigüedad Clásica y el Oriente, no solo como escenarios, sino como narrativas complejas que invitaban a la reflexión sobre el poder, la belleza y las costumbres de culturas lejanas, siempre desde una mirada occidental. Un aspecto fascinante de su figura fue su férrea oposición a las nuevas tendencias. Como influyente profesor en la École des Beaux-Arts, Jean-Léon Gérôme no dudó en criticar al Impresionismo, llegando a declarar: "Es una vergüenza, una ignominia, una mancha en el arte francés". Esta postura lo situó en el epicentro de la batalla entre la tradición y la modernidad, un conflicto que, paradójicamente, subraya la solidez de sus propios principios artísticos y su convicción inquebrantable. El legado de Jean-Léon Gérôme es de una complejidad cautivadora. Aunque su estilo fue eclipsado temporalmente por las vanguardias que tanto denostó, hoy asistimos a una revalorización de su obra. Lo vemos no solo como un representante del Academicismo, sino como un narrador visual excepcional, un maestro de la composición y el detalle que supo capturar la imaginación de su época. Sus cuadros, con su teatralidad y su minuciosa ejecución, ofrecen una ventana fascinante a las obsesiones del siglo XIX y siguen siendo un punto de referencia para entender la representación en el arte.
Art pompier (lit.francés: «Arte bombero») es una denominación peyorativa para referirse al academicismo francés de la segunda mitad del Siglo XIX, bajo la influencia de la Academia de Bellas Artes. La expresión refiere todavía hoy al arte académico oficial, adicto al poder, que aunque utiliza técnicas magistrales resulta a menudo falso y vacío de contenidos. El origen del apelativo es incierto: podría derivar de los yelmos de las figuras clásicas, similares al casco de un bombero, o simplemente al carácter pomposo y retórico de muchas representaciones de la época. La corriente artística del Neoclasicismo, inserta en el Siglo XVIII y prolongada a la primera mitad del XIX tenía en el rigor racional el primer requisito para prestarse a la enseñanza en las academias, y sugería, en su mismo contenido, el camino de la imitación, no ya de la naturaleza visible o la realidad social, sino del producto artístico y de la historia del mito de aquel lejano pasado, griego y romano, que se señalaba como modelo de armonía y belleza. En Francia, el sugestivo ejemplo del arte de David -por otro lado personalmente opuesto a cualquier academia- y luego el de Ingres generará consenso y motivará a imitadores. La Academia real de pintura y escultura se había creado en Francia en 1648, con el objetivo de garantizar a los artistas una norma de calidad, dotándolos de un estilo pleno de simplicidad aunque también de grandiosidad, de armonía y de pureza.