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Estirados acabado Estirados

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los detalles de nuestros cuadros marcan la diferencia
Una auténtica obra de arte

Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.

Lienzo Algodón 100%

lienzo algodón 100% Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.

Impresión Full HD - Fine Art - Giclée

impresion% Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.

Bastidor de madera fabricado a medida

lienzo algodón 100% Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.

Más información sobre la Obra Los jóvenes enfermos, Baco

Los jóvenes enfermos, Baco

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Los jóvenes enfermos, Baco

Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni

Public Domain

Barroco

Más información sobre el pintor Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni

Miguel Ángel Buonarroti irrumpió en el Alto Renacimiento como una fuerza de la naturaleza, un espíritu indomable que transformó la materia en emoción pura. Nacido en Caprese en 1475, su existencia se tejió con el esplendor y la agitación de una Italia fragmentada. El mecenazgo de los Medici en Florencia y los Papas en Roma dictaba el pulso artístico de una era de redescubrimiento de la Antigüedad clásica, de fe profunda y de una ambición creativa sin fronteras. El arte no solo adornaba, sino que instruía y conmovía hasta lo más hondo. Lo que realmente distingue a Miguel Ángel de sus contemporáneos no es solo su dominio técnico, sino la *terribilità* que infundía en cada una de sus creaciones. Sus figuras no son meras representaciones; son encarnaciones de la lucha espiritual, la emoción humana y la grandeza divina. Mientras otros artistas buscaban la armonía y la gracia serena, él perseguía la tensión dramática, la fuerza contenida y la expresión del alma. Su arte es un diálogo constante entre lo terrenal y lo trascendente, una búsqueda de la verdad a través de la forma. Entre sus obras, la *Pietà* de San Pedro nos muestra una Virgen joven y serena que sostiene a Cristo con una ternura desoladora. Esta fue una proeza técnica y emocional que realizó con apenas 24 años. El *David*, símbolo de la República Florentina, es una declaración de fuerza y determinación, un estudio anatómico de una calidad excepcional. Y, por supuesto, la bóveda de la Capilla Sixtina y el *Juicio Final*, donde Miguel Ángel pintó un universo entero de figuras, narrando la creación y la redención con una escala y un dramatismo que aún hoy sobrecogen. Un dato fascinante es que, a pesar de su genio pictórico, él se consideraba ante todo escultor, y aceptó el encargo de la Sixtina con cierta reticencia, viéndolo como una distracción de su verdadera vocación. Miguel Ángel se movió en el corazón del Alto Renacimiento, llevando sus principios de idealización y perfección a una nueva dimensión de intensidad emocional. Su género predominante fue el arte cristiano, tanto en escultura como en pintura, donde la figura humana se convierte en el vehículo principal para la expresión de lo divino. Su técnica más característica en pintura fue el fresco, mientras que en escultura, el mármol fue su medio predilecto. Su visión del cuerpo humano como un vehículo de expresión y su estilo monumental influyeron profundamente en el Manierismo y sentaron las bases para el Barroco. Hoy, su obra sigue siendo un referente fundamental para entender la evolución del arte occidental y la capacidad del ser humano para crear belleza y significado a partir de la materia. Como él mismo dijo: "Si la gente supiera cuánto trabajé para adquirir mi maestría, no parecería tan maravillosa." Su arte nos invita a mirar más allá de la superficie, a sentir la potencia de la forma y la profundidad del espíritu.

Más información sobre el gérero artistico Barroco

El Barroco fue un período de la historia en la cultura occidental originado por una nueva forma de concebir las artes visuales (el «estilo barroco») y que, partiendo desde diferentes contextos histórico-culturales, produjo obras en numerosos campos artísticos: literatura,arquitectura, escultura, pintura, música, ópera, danza, teatro, etc. Se manifestó principalmente en la Europa occidental, aunque debido al colonialismo también se dio en numerosas colonias de las potencias europeas, principalmente en Latinoamérica. Cronológicamente, abarcó todo el siglo XVII y principios del XVIII, con mayor o menor prolongación en el tiempo dependiendo de cada país. Se suele situar entre el Manierismo y el Rococó, en una época caracterizada por fuertes disputas religiosas entre países católicos y protestantes, así como marcadas diferencias políticas entre los Estados absolutistas y los parlamentarios, donde una incipiente burguesía empezaba a poner los cimientos del capitalismo. Como estilo artístico, el Barroco surgió a principios del siglo XVII (según otros autores a finales del XVI) en Italia —período también conocido en este país como Seicento—, desde donde se extendió hacia la mayor parte de Europa. Durante mucho tiempo (siglos XVIII yXIX) el término «barroco» tuvo un sentido peyorativo, con el significado de recargado, engañoso, caprichoso, hasta que fue posteriormente revalorizado a finales del siglo XIX porJacob Burckhardt y, en el XX, por Benedetto Croce y Eugeni d'Ors. Algunos historiadores dividen el Barroco en tres períodos: «primitivo» (1580-1630), «maduro» o «pleno» (1630-1680) y «tardío» (1680-1750). Aunque se suele entender como un período artístico específico, estéticamente el término «barroco» también indica cualquier estilo artístico contrapuesto al clasicismo, concepto introducido por Heinrich Wölfflin en 1915. Así pues, el término «barroco» se puede emplear tanto como sustantivo como adjetivo. Según este planteamiento, cualquier estilo artístico atraviesa por tres fases: arcaica, clásica y barroca. Ejemplos de fases barrocas serían el arte helenístico, el arte gótico, el romanticismo o el modernismo. El arte se volvió más refinado y ornamentado, con pervivencia de un cierto racionalismo clasicista pero adoptando formas más dinámicas y efectistas y un gusto por lo sorprendente y anecdótico, por las ilusiones ópticas y los golpes de efecto. Se observa una preponderancia de la representación realista: en una época de penuria económica, el hombre se enfrenta de forma más cruda a la realidad. Por otro lado, a menudo esta cruda realidad se somete a la mentalidad de una época turbada y desengañada, lo que se manifiesta en una cierta distorsión de las formas, en efectos forzados y violentos, fuertes contrastes de luces y sombras y cierta tendencia al desequilibrio y la exageración.