Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Una calle de El Cairo
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Una calle de El Cairo
Romanticismo
Carl Spitzweg no fue un pintor al uso, y quizás ahí resida gran parte de su encanto. Antes de empuñar los pinceles con la seriedad que le conocemos, se dedicó a la farmacia, una profesión que, curiosamente, parece haber imbuido en su arte una meticulosa observación y una precisión casi científica en el detalle. Emergió en la Alemania del siglo XIX, un periodo dominado por el Romanticismo, pero él eligió un camino más íntimo, el del Biedermeier, capturando la esencia de una burguesía que buscaba refugio en la vida doméstica y los pequeños placeres. Lo que diferencia a Carl Spitzweg de muchos de sus contemporáneos es su capacidad para infundir humor y una sutil melancolía en escenas cotidianas. Sus cuadros, a menudo de pequeño formato, son como ventanas a un mundo de personajes excéntricos, soñadores y solitarios, inmersos en sus propios universos. No hay grandes dramas históricos ni paisajes sublimes en su obra; en su lugar, encontramos al 'Poeta Pobre' en su buhardilla, al 'Bibliófilo' absorto en su lectura o al 'Amante de los Cactus' cuidando sus plantas. Estas obras no solo son un retrato de su época, sino también una reflexión atemporal sobre la condición humana, la búsqueda de la felicidad en lo mundano y la ironía de la existencia. Su técnica se centró casi exclusivamente en el óleo sobre lienzo, dominando la luz y la composición para crear atmósferas envolventes. Aunque se le asocia con el Romanticismo tardío y el Biedermeier, su estilo es tan personal que trasciende etiquetas. Si bien pudo haber tomado inspiración de los maestros holandeses del siglo XVII en su enfoque de la pintura de género, Carl Spitzweg desarrolló una voz propia, inconfundible. Él mismo lo resumió con una frase que encapsula su espíritu: "Soy un pintor que observa la vida y la capta con un guiño". El legado de Carl Spitzweg perdura con una fuerza particular. Sus obras son hoy tesoros que evocan una sonrisa cómplice y una profunda empatía. Se le valora por su aguda mirada a la sociedad, su capacidad para encontrar lo extraordinario en lo ordinario y por la humanidad que emana de cada pincelada. Sus escenas de género y paisajes, aunque modestos en escala, ofrecen una riqueza narrativa y emocional que sigue cautivando a quienes se detienen a contemplarlas.
La pintura romántica sucede a la pintura neoclásica de finales del XVIII, con unos nuevos gustos desarrollados por todas las facetas artísticas del Romanticismo como la literatura, la filosofía y la arquitectura. Está hermanada con los movimientos sociales y políticos, que ganaron cuerpo con la Revolución francesa. El término romántico, surgido en Inglaterra en el siglo XVII para referirse a la novela, fue adaptado a principios del siglo XIX a las artes plásticas, en contraposición al neoclasicismo imperante. El romanticismo en la pintura se extiende desde 1770 hasta 1870, prácticamente cien años, distinguiéndose tres periodos: 1770-1820 o prerromanticismo- El apogeo del romanticismo pictórico se da, aproximadamente, entre 1820 (hay fuentes que señalan 1815) y 1850 (o, por adoptar una fecha simbólica, 1848).- 1850-1870 o tradición post-romántica. Cada uno de estos períodos posee sus particularidades en cuanto lugares en que se desarrolló o artistas que lo adoptaron.