Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Cascada de Votorantim
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Cascada de Votorantim
Realismo
Almeida Júnior nos invita a un Brasil que pocos artistas de su época se atrevieron a explorar con tanta honestidad. Nacido en Itu en 1850, su formación inicial en la Academia Imperial de Bellas Artes de Río de Janeiro y su posterior beca en París, bajo la tutela de Alexandre Cabanel, le proporcionaron una base académica sólida. Sin embargo, a su regreso a Brasil, Almeida Júnior tomó una dirección que lo desmarcó de sus contemporáneos, buscando una voz propia en el corazón de su tierra. Mientras muchos artistas seguían las modas europeas, Almeida Júnior se volcó en la representación de la vida cotidiana brasileña, sus gentes y sus costumbres. Sus lienzos, como “O Violeiro” o “Caipira Picando Fumo”, no son solo escenas de género, sino verdaderos estudios etnográficos que dignifican al “caipira” (el campesino) y a la gente común. Su realismo, combinado con una luz naturalista y una paleta sobria, le permitió capturar la esencia de una nación en formación, justo en el umbral de la República y tras la abolición de la esclavitud. Lo que hace único a Almeida Júnior es esa mirada introspectiva y profundamente nacional. No buscaba el exotismo para el público europeo, sino que elevaba lo vernáculo a la categoría de arte con una sinceridad conmovedora. Sus obras no solo documentan, sino que también transmiten una profunda empatía por sus sujetos, algo que resonó fuertemente en un Brasil que empezaba a buscar su propia identidad artística. Es esta autenticidad la que lo sitúa como un precursor del modernismo brasileño, anclado en el movimiento del realismo, pero con un acento inconfundiblemente propio. Su técnica predilecta fue el óleo sobre lienzo, que manejaba con una maestría que le permitía capturar texturas y atmósferas con gran fidelidad. Trágicamente, su vida fue truncada de forma abrupta en 1899, a los 49 años, cuando fue asesinado en Piracicaba en un dramático suceso pasional. Este final prematuro nos privó de saber qué más podría haber aportado a la pintura. Sin embargo, su legado es inmenso: sus obras son hoy tesoros nacionales, celebradas por su capacidad de reflejar el alma brasileña y por haber abierto el camino para futuras generaciones de artistas que buscarían inspiración en su propia tierra. Su influencia de Cabanel le dio rigor, pero su visión lo llevó a la originalidad.
Realismo es la denominación de un estilo o movimiento pictórico que se dio en Francia a mediados del siglo XIX, cuyo principal representante es Gustave Courbet. El propio pintor fue quien acuñó el término al dar nombre al pabellón que hizo construir para una provocativa exposición de 1855, alternativa al Salón de París, bajo el título "Realismo". Allí expuso su obra El taller del pintor, considerada el manifiesto del estilo, que provocó un sonoro escándalo en los medios artísticos por su anti-academicismo y su crudeza, que se calificaba de obscenidad. Posteriormente se identificó con el movimiento especialmente a Honoré Daumier, Jean-François Millet yJules Breton, y a otros pintores (Jean-Louis-Ernest Meissonier, Henri Fantin-Latour, Thomas Couture, Jean-Léon Gerome, etc.) El crítico de arte Jules Champfleury definió teóricamente la estética del movimiento. Se suelen identificar los principios estéticos del realismo pictórico con los del realismo literario contemporáneo (Honoré de Balzac). El compromiso con las clases bajas y los movimientos políticos de izquierda (en el contexto de la revolución de 1848) marcó la sensibilidad social e ideológica de este grupo de pintores realistas, que conectaría con la vertiente más comprometida socialmente del realismo literario: el naturalismo posterior (Émile Zola).