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los detalles de nuestros cuadros marcan la diferencia
Una auténtica obra de arte

Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.

Lienzo Algodón 100%

lienzo algodón 100% Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.

Impresión Full HD - Fine Art - Giclée

impresion% Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.

Bastidor de madera fabricado a medida

lienzo algodón 100% Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.

Más información sobre la Obra Guerra

Guerra

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Guerra

Henri Julien Félix Rousseau

Public Domain

Postimpresionismo

Más información sobre el pintor Henri Julien Félix Rousseau

Henri Rousseau, a quien muchos conocían como "El Aduanero", emergió en el vibrante París de finales del siglo XIX con una propuesta artística que desafiaba cualquier convención. En un tiempo donde las vanguardias bullían, buscando nuevas formas de expresión, Rousseau se mantuvo al margen de las academias y los salones, cultivando un estilo singular que hoy abrazamos como arte naíf o primitivismo. Su obra es un testimonio de una imaginación desbordante, un universo donde la realidad se funde con el sueño, creando paisajes exóticos y escenas misteriosas que parecen extraídas de un cuento. Lo que realmente distingue a Henri Rousseau de sus contemporáneos es precisamente esa ausencia de formación académica. Mientras otros artistas se esforzaban por dominar las técnicas y teorías del arte, él pintaba con una pureza y una libertad instintiva, casi infantil, que le permitía construir mundos propios. Sus selvas, pobladas de animales salvajes y figuras enigmáticas, son su sello inconfundible, y lo curioso es que las concibió sin haber pisado jamás un país tropical. Su inspiración venía de los jardines botánicos de París, de libros ilustrados y, sobre todo, de su propia fantasía. Entre sus creaciones más cautivadoras, "El sueño" (1910) es quizás la más icónica. En ella, una figura femenina desnuda reposa en un sofá en medio de una jungla exuberante, observada por un león y un flautista. Esta pieza encapsula su visión onírica y su capacidad para yuxtaponer elementos dispares con una naturalidad asombrosa. "La gitana dormida" (1897) es otra joya, donde la vulnerabilidad de la figura contrasta con la presencia imponente de un león bajo la luna, creando una atmósfera de misterio y paz. Estas obras merecen atención por su audacia compositiva y su paleta de colores vibrantes, que transmiten una sensación de asombro y maravilla. El eco de Rousseau es profundo. Aunque fue objeto de burla por parte de algunos críticos de su tiempo, artistas como Pablo Picasso y Guillaume Apollinaire vieron en él una genialidad pura y una originalidad sin par, celebrando su inocencia y su visión no contaminada. Su influencia se extendió a movimientos como el surrealismo, que valoró su capacidad para explorar el subconsciente y lo irracional. Hoy, su obra es valorada por su autenticidad, su capacidad para transportarnos a un mundo de fantasía y por recordarnos que el arte no siempre necesita reglas para ser conmovedor. Se le asocia principalmente con el arte naíf y el primitivismo, aunque también se le incluye en el posimpresionismo por su cronología. Su género predominante es la pintura de paisaje y de personaje, y su técnica más usada fue el óleo sobre lienzo. No se le conocen influencias directas de otros pintores, lo que subraya su carácter autodidacta. Como dijo Picasso: "Rousseau es un milagro".

Más información sobre el gérero artistico Postimpresionismo

Posimpresionismo o postimpresionismo es un término histórico-artístico que se aplica a los estilos pictóricos de finales del siglo XIX y principios del XX posteriores al impresionismo. Lo acuñó el crítico británico Roger Fry con motivo de una exposición de pinturas de Paul Cézanne, Paul Gauguin y Vincent van Gogh que se celebró en Londres en 1910. Este término engloba diversos estilos personales planteándolos como una extensión del impresionismo y a la vez como un rechazo a las limitaciones de este. Los postimpresionistas continuaron utilizando colores vivos, una aplicación compacta de la pintura, pinceladas distinguibles y temas de la vida real, pero intentaron llevar más emoción y expresión a su pintura. Sus exponentes reaccionaron contra el deseo de reflejar fielmente la naturaleza y presentaron una visión más subjetiva del mundo. Todos los artistas agrupados bajo el término postimpresionismo conocieron y practicaron en algún momento los postulados impresionistas, un movimiento pictórico que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX y que rompió los supuestos académicos, sociales y económicos vigentes en el arte. Supuso una revolución2 y sus obras recibieron fuertes críticas. Al ser rechazados en los circuitos oficiales, el grupo de los pintores impresionistas organizó sus propias exposiciones y mantuvo una cohesión que duró hasta que, décadas después, algunos de ellos alcanzaron cierto reconocimiento. De la disgregación de ese movimiento nació el postimpresionismo en parte como evolución y en parte como ruptura. El impresionismo supuso una ruptura de los conceptos dominantes en la pintura y la escultura. Si hasta entonces primaban el estudio racional de la obra, la composición sobre dibujos previos y la claridad de las líneas, los neoimpresionistas abandonaron ese suelo para tratar de captar en sus obras la impresión espontánea, tal como llegaba a sus sentidos. No les importaba tanto el objeto que se quería pintar como la sensación recibida. La sensación fugaz, efímera, difícilmente perceptible y reproducible. Los pintores impresionistas abandonaron los talleres y salieron al exterior. Sus modelos fueron la calle, el edificio, el paisaje, la persona, el hecho pero no en su concepción estática y permanente sino percibidos en ese momento casi único. El pintor impresionista pintaba in situ y terminaba la obra con rapidez. Utilizaba trazos sueltos, cortos y vigorosos. Los objetos y el propio espacio no se delimitaban con líneas siguiendo los cánones renacentistas sino que se formaban en la retina del observador a partir de esos trazos imprecisos. La pintura impresionista descubrió el valor cambiante de la luz y su movimiento, utilizando una rica paleta cromática de la que excluyeron el negro porque el color negro, según decían, no existía en la naturaleza.