Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Cuatro estaciones
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Cuatro estaciones
Neoplasticismo
Alfons Mucha no fue solo un artista; fue un arquitecto visual que dio forma a una era. Su nombre se entrelaza con el Art Nouveau, pero su visión iba mucho más allá de la estética decorativa, buscando siempre una conexión profunda con la cultura y la identidad. Su irrupción en el París de finales del siglo XIX, en plena efervescencia de la Belle Époque, fue un soplo de aire fresco que redefinió el concepto de arte aplicado, llevándolo del lienzo a la vida cotidiana. Lo que hace a Alfons Mucha verdaderamente singular es su habilidad para fusionar la sensualidad de la figura femenina con una exuberante ornamentación floral y motivos bizantinos. Creó un estilo opulento, accesible y profundamente simbólico. No se limitó a las galerías; su arte se integró en la vida diaria a través de carteles, joyas, muebles y diseños de interiores, democratizando la belleza de una forma que pocos de sus contemporáneos lograron. Sus obras para la actriz Sarah Bernhardt, como el icónico cartel de "Gismonda", no solo lanzaron su carrera, sino que elevaron el cartelismo a una forma de arte respetada y codiciada. Antes de alcanzar la fama en París, Alfons Mucha trabajó como pintor de telones y decorados teatrales en Viena. Curiosamente, fue rechazado de la Academia de Bellas Artes de Praga, una experiencia temprana en el teatro que, sin duda, influyó en su capacidad para crear composiciones dramáticas y cautivadoras. Más allá de sus célebres carteles y paneles decorativos como "Las Cuatro Estaciones", su obra cumbre y más personal es "La Épica Eslava", una serie monumental de veinte lienzos que narra la historia y mitología de los pueblos eslavos. Es un testamento a su profundo patriotismo y ambición artística, donde el simbolismo y la alegoría alcanzan su máxima expresión. El legado de Mucha perdura con una vitalidad asombrosa; su estilo sigue siendo emulado y reinterpretado. Su obra redefinió cómo el arte podía ser parte integral de la vida pública. Su visión de que el arte debía servir a un propósito más elevado, como él mismo dijo: "El propósito de mi obra nunca fue destruir, sino construir, tender puentes, porque debemos vivir con la esperanza de que la humanidad se acerque más y más", resuena aún hoy. Nos invita a apreciar la belleza con un sentido de propósito y conexión cultural. Su influencia en el Art Nouveau es clara, siendo una de sus figuras más representativas, pero su obra también se nutre de la riqueza del arte bizantino, la delicadeza de la estampa japonesa y la idealización prerrafaelita.
La Abstracción lírica es una tendencia dentro de la pintura abstracta que se desarrolló a partir de 1910 que se toma usualmente como referencia para marcar el comienzo de la pintura abstracta: Iniciando con una acuarela del pintor Kandinsky titulada precisamente Primera acuarela abstracta. De este mismo año es su obra. De lo espiritual en el arte. Kandinsky ejemplifica esta abstracción espontánea. Llegó, en 1910 a una abstracción impregnada de sentimiento, idealmente representativa de las aspiraciones de los artistas del Zikario de Múnich Der Blaue Reiter, del que él mismo formaba parte. El tema que desarrollan los pintores de la abstracción lírica es la expresión de la emoción pictórica del artista, individual e inmediata. Rechazan representar la realidad de forma objetiva. La técnica preferida de estos pintores fue la acuarela, pintando igualmente bocetos y apuntes pequeños. No obstante, también elaboraron grandes telas al óleo. Predomina el color sobre la forma.