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los detalles de nuestros cuadros marcan la diferencia
Una auténtica obra de arte

Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.

Lienzo Algodón 100%

lienzo algodón 100% Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.

Impresión Full HD - Fine Art - Giclée

impresion% Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.

Bastidor de madera fabricado a medida

lienzo algodón 100% Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.

Más información sobre la Obra Una cita

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John William Godward

Public Domain

Neoclasicismo

Más información sobre el pintor John William Godward

John William Godward, nacido en Wimbledon en 1861, se alza como un faro de resistencia estética justo cuando el arte europeo se precipitaba hacia la modernidad. Mientras el impresionismo y las vanguardias comenzaban a redefinir la pintura, Godward se aferró con devoción a un ideal de belleza clásica, casi un eco de la Roma y Grecia antiguas. Su obra se inscribe de lleno en la pintura victoriana y, con particular intensidad, en el movimiento neo-pompeyano, donde la recreación idealizada de la antigüedad grecorromana era el eje de su universo. Lo que realmente distingue a John William Godward no es solo la elección de sus temas, sino la meticulosa perfección con la que los abordaba. Sus lienzos son portales a un mundo de mármoles pulidos, sedas vaporosas y, sobre todo, jóvenes mujeres de una belleza serena, a menudo capturadas en poses contemplativas o de reposo. Él no buscaba la narrativa dramática de los prerrafaelitas, sino una atmósfera de quietud y armonía, un esteticismo puro donde la forma y la textura eran las verdaderas protagonistas. Obras como "Mischief and Repose" o "Dolce Far Niente" son ejemplos claros de esta búsqueda de una belleza atemporal, donde cada pliegue de la tela y cada veta del mármol están representados con una maestría técnica asombrosa. Su técnica predominante fue el óleo sobre lienzo, aplicado con una delicadeza que permitía un acabado liso y brillante, casi esmaltado. Aunque no fue un miembro directo de la Hermandad Prerrafaelita, compartía con ellos una profunda admiración por el detalle y una idealización de la figura femenina, así como una cierta melancolía por un pasado idealizado. Las influencias de pintores como Lawrence Alma-Tadema y Frederic Leighton son evidentes en su composición y en su elección de temas, si bien John William Godward desarrolló un estilo propio, quizás menos narrativo y más centrado en la pura contemplación estética. La vida de John William Godward estuvo marcada por una dedicación absoluta a su arte, pero también por un profundo aislamiento. Su familia, de estricta moral victoriana, desaprobó su carrera artística hasta el punto de desheredarlo. Este rechazo familiar se intensificó cuando se trasladó a Italia, un acto que consideraron una afrenta personal. Un dato que nos revela la intensidad de su frustración es que, antes de su suicidio en 1922, John William Godward quemó gran parte de sus obras, un acto de autodestrucción que habla de su desesperación. Su legado, sin embargo, ha sido revalorizado en las últimas décadas. Hoy, sus pinturas son apreciadas por su exquisita factura, su capacidad para evocar una belleza idealizada y su valor como testimonio de una época que, a pesar de su modernidad incipiente, aún miraba con nostalgia a la antigüedad.

Más información sobre el gérero artistico Neoclasicismo

El término Neoclasicismo (del griego "neos"-????, latín "classicus" y griego "ismos"-?sµ??) surgió en el siglo XVIII para denominar de forma peyorativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes los principios intelectuales de la Ilustración, que desde mediados del siglo XVIII se venían produciendo en la filosofía, y que consecuentemente se habían transmitido a todos los ámbitos de la cultura. Sin embargo, coincidiendo con el ocaso de Napoleón Bonaparte, el Neoclasicismo fue perdiendo adeptos en favor del Romanticismo. Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations sur les antiquités de la ville d'Herculaneum, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas. De estas expediciones nacieron libros como: Le Antichitá di Ercolano (1757-1792) elaborada publicación financiada por el Rey de Nápoles (luego Carlos III de España), que sirvieron de fuente de inspiración para los artistas de esta época, a pesar de su escasa divulgación. También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. En la ciudad se visitaban las ruinas, se intercambiaban ideas y cada uno iba adquiriendo un bagaje cultural que llevaría de vuelta a su tierra de origen. Allí surgió en 1690 la llamada Academia de la Arcadia o Arcades de Roma, que con sus numerosas sucursales o coloniae por toda Italia y su apuesta por el equilibrio de los modelos clásicos y la claridad y la sencillez impulsó la estética neoclásica. La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Entre ellos estaba el prusiano Joachim Winckelmann (1717-1768), un entusiasta admirador de la cultura griega y un detractor del rococó francés; su obra Historia del Arte en la Antigüedad (1764) es una sistematización de los conocimientos artísticos desde la antigüedad a los romanos. En Roma también trabajaba Giovanni Battista Piranesi (1720-1778); en sus grabados, como Antichitá romana (1756) o Las cárceles inventadas (1745-1760), y transmite una visión diferente de las ruinas con imágenes en las que las proporciones desusadas y los contrastes de luces y sombras buscan impresionar al espectador. El trabajo está cargado de simbolismo: la figura en el centro representa la verdad rodeada por una luz brillante (el símbolo central de la iluminación). Otras dos figuras a la derecha, la razón y la filosofía, están rasgando el velo que cubre verdad. La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de la Razón (filosofía) por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humanos. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.