Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Pastoral de Tahití
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Pastoral de Tahití
Postimpresionismo
Paul Gauguin no fue un pintor más de su tiempo. En un París que bullía con la modernidad y donde el impresionismo ya había abierto caminos, él sintió una llamada distinta, una insatisfacción profunda con la civilización occidental. Abandonó una vida burguesa como corredor de bolsa para buscar una verdad artística y espiritual que lo llevaría a los confines del mundo. Su obra es una ruptura audaz, un viaje hacia la emoción y el simbolismo, lejos de la mera representación de lo visible. Fue un explorador del sintetismo y el cloisonismo, estilos que abrazan colores planos y vibrantes, contornos marcados y una simplificación de las formas. No buscaba retratar la realidad, sino expresar ideas y sentimientos. Obras como *La visión tras el sermón* (1888) o el monumental *¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?* (1897) son más que cuadros; son meditaciones visuales sobre la existencia, la fe y el destino humano. Su pincel nos invita a una introspección profunda. Su periplo a Tahití marcó un antes y un después. Allí, inmerso en un entorno que consideraba puro y espiritual, su paleta se volvió aún más audaz, sus figuras más estilizadas. Los paisajes exóticos y las mujeres tahitianas se transformaron en símbolos universales. "El arte es una abstracción; extraedla de la naturaleza soñando frente a ella y preocupándoos más por la creación que por el resultado", afirmó, resumiendo su filosofía de ir más allá de lo aparente. Su técnica, basada en el óleo sobre lienzo, se nutre de esta visión. Un dato que a menudo se olvida es que Paul Gauguin fue, en gran medida, un autodidacta. Su decisión de dejar su carrera y su familia para dedicarse al arte fue un acto de una determinación casi fanática. Hoy, su legado es complejo; se le critica por su visión idealizada de las culturas que llamó "primitivas", pero su influencia en el fauvismo, el expresionismo y la abstracción es innegable. Paul Gauguin nos enseña a mirar el mundo no solo con los ojos, sino con el alma, dejando una huella imborrable en la historia del arte.
Posimpresionismo o postimpresionismo es un término histórico-artístico que se aplica a los estilos pictóricos de finales del siglo XIX y principios del XX posteriores al impresionismo. Lo acuñó el crítico británico Roger Fry con motivo de una exposición de pinturas de Paul Cézanne, Paul Gauguin y Vincent van Gogh que se celebró en Londres en 1910. Este término engloba diversos estilos personales planteándolos como una extensión del impresionismo y a la vez como un rechazo a las limitaciones de este. Los postimpresionistas continuaron utilizando colores vivos, una aplicación compacta de la pintura, pinceladas distinguibles y temas de la vida real, pero intentaron llevar más emoción y expresión a su pintura. Sus exponentes reaccionaron contra el deseo de reflejar fielmente la naturaleza y presentaron una visión más subjetiva del mundo. Todos los artistas agrupados bajo el término postimpresionismo conocieron y practicaron en algún momento los postulados impresionistas, un movimiento pictórico que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX y que rompió los supuestos académicos, sociales y económicos vigentes en el arte. Supuso una revolución2 y sus obras recibieron fuertes críticas. Al ser rechazados en los circuitos oficiales, el grupo de los pintores impresionistas organizó sus propias exposiciones y mantuvo una cohesión que duró hasta que, décadas después, algunos de ellos alcanzaron cierto reconocimiento. De la disgregación de ese movimiento nació el postimpresionismo en parte como evolución y en parte como ruptura. El impresionismo supuso una ruptura de los conceptos dominantes en la pintura y la escultura. Si hasta entonces primaban el estudio racional de la obra, la composición sobre dibujos previos y la claridad de las líneas, los neoimpresionistas abandonaron ese suelo para tratar de captar en sus obras la impresión espontánea, tal como llegaba a sus sentidos. No les importaba tanto el objeto que se quería pintar como la sensación recibida. La sensación fugaz, efímera, difícilmente perceptible y reproducible. Los pintores impresionistas abandonaron los talleres y salieron al exterior. Sus modelos fueron la calle, el edificio, el paisaje, la persona, el hecho pero no en su concepción estática y permanente sino percibidos en ese momento casi único. El pintor impresionista pintaba in situ y terminaba la obra con rapidez. Utilizaba trazos sueltos, cortos y vigorosos. Los objetos y el propio espacio no se delimitaban con líneas siguiendo los cánones renacentistas sino que se formaban en la retina del observador a partir de esos trazos imprecisos. La pintura impresionista descubrió el valor cambiante de la luz y su movimiento, utilizando una rica paleta cromática de la que excluyeron el negro porque el color negro, según decían, no existía en la naturaleza.