Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Toma de Granada
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Toma de Granada
Expresionismo
Francisco Pradilla y Ortiz emerge como una figura capital en la pintura española de finales del siglo XIX. Nace en 1848 en Villanueva de Gállego, y su trayectoria define la expresión más alta del arte narrativo de su tiempo. En una época donde la academia marcaba el paso y la pintura de historia era el género con mayor consideración, Pradilla supo dotar a sus lienzos de una vida y un realismo que pocos de sus coetáneos lograban. Su estancia en la Academia de España en Roma fue un crisol. Allí absorbió la luz y la paleta mediterránea, elementos que luego vertería en sus ambiciosas composiciones. Lo que distingue a Pradilla es su capacidad para fusionar la exactitud documental con una emoción palpable. Transformaba los sucesos del pasado en escenas vibrantes que no solo contaban una historia, sino que la hacían sentir. Su obra se alinea con el Realismo, pero con una interpretación personal que lo eleva. Entre sus creaciones, *Doña Juana la Loca* (1877) es un punto de inflexión. Con solo 30 años, este cuadro le valió la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes, impulsando su carrera. La desolación de la reina se plasma con una hondura psicológica que aún hoy conmueve. Otro trabajo impactante es *La Rendición de Granada* (1882), una obra de gran formato que no solo conmemora un suceso crucial de la historia española, sino que lo hace con una composición y un colorido que van más allá de la mera crónica. De ella, Marcelino Menéndez Pelayo afirmó: "Pradilla ha sabido dar a su cuadro esa majestad y esa grandeza que le faltan a la historia misma." Un detalle curioso es que Pradilla, además de pintor, ejerció como director del Museo del Prado y de la Academia de España en Roma. Estos cargos demuestran el respeto y la autoridad que tuvo en su época. Su legado, aunque a veces ensombrecido por las corrientes del siglo XX, es el de un artista que llevó la pintura de historia a su punto culminante. Sus obras son valoradas hoy por su rigor, su habilidad técnica y su poder para conmover, asegurando su puesto en el arte español.
Con sus colores violentos y su temática de soledad y de miseria, el expresionismo reflejó la amargura que invadió a los círculos artísticos e intelectuales de la Alemania prebélica, así como de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y del período de entreguerras (1918-1939). Esa amargura provocó un deseo vehemente de cambiar la vida, de buscar nuevas dimensiones a la imaginación y de renovar los lenguajes artísticos. El expresionismo defendía la libertad individual, la primacía de la expresión subjetiva, el irracionalismo, el apasionamiento y los temas prohibidos –lo morboso, demoníaco, sexual, fantástico o pervertido–. Intentó reflejar una visión subjetiva, una deformación emocional de la realidad, a través del carácter expresivo de los medios plásticos, que cobraron una significación metafísica, abriendo los sentidos al mundo interior. Entendido como una genuina expresión del alma alemana, su carácter existencialista, su anhelo metafísico y la visión trágica del ser humano en el mundo le hicieron reflejo de una concepción existencial liberada al mundo del espíritu y a la preocupación por la vida y la muerte, concepción que se suele calificar de "nórdica" por asociarse al temperamento que tópicamente se identifica con el estereotipo de los países del norte de Europa. Fiel reflejo de las circunstancias históricas en que se desarrolló, el expresionismo reveló el lado pesimista de la vida, la angustia existencial del individuo, que en la sociedad moderna, industrializada, se ve alienado, aislado. Así, mediante la distorsión de la realidad pretendían impactar al espectador, llegar a su lado más emotivo e interior. El expresionismo no fue un movimiento homogéneo, sino de gran diversidad estilística: hay un expresionismo modernista (Munch), fauvista (Rouault), cubista y futurista (Die Brücke), surrealista (Klee), abstracto (Kandinski), etc. Aunque su mayor centro de difusión se dio en Alemania, también se percibe en otros artistas europeos (Modigliani, Chagall,Soutine, Permeke) y americanos (Orozco, Rivera, Siqueiros, Portinari). En Alemania se organizó principalmente en torno a dos grupos: Die Brücke (fundado en 1905), y Der Blaue Reiter (fundado en 1911), aunque hubo algunos artistas no adscritos a ningún grupo. Después de la Primera Guerra Mundial apareció la llamada Nueva Objetividad, que si bien surgió como rechazo al individualismo expresionista defendiendo un carácter más social del arte, su distorsión formal y su colorido intenso les hacen herederos directos de la primera generación expresionista.