Todos nuestros cuadros son reproducciones digitales de auténticas obras de arte. Las imprimimos sobre los mejores lienzos de algodón 100% del mercado y utilizando la última tecnología de impresión para un acabado impecable. Comprueba las calidades y acabados de nuestros cuadros y te darás cuenta de la auténtica diferencia respecto a nuestros competidores.
Sólo utilizamos telas 100% algodón, de los mejores fabricantes, con una densidad de 360gr/m2, para garantizar una imagen lo más real posible a la obra original. Son los mismos lienzos utilizados por los pintores y museos para las reproducciones de sus obras.
La textura del lienzo resalta la obra de arte y se consigue lo más cercano al aspecto de una pintura original.
Imprimimos las obras de arte utilizando la técnica de impresión por Giclée, la mas más avanzada actualmente, lo que permite una resolución, nitidez y colorido insuperables. Utilizamos impresoras gran formato con la más moderna tecnología y tintas ecológicas.
Montamos todos nuestros cuadros sobre un bastidor de madera de abeto alistonado de 3 x 3 cm / 3 x 4.5 cm. Esta madera es ideal para la fabricación de bastidores ya que al ser alistonada refuerza el bastidor y evita deformaciones del mismo debido a la tensión del lienzo.
Todos nuestros bastidores son fabricados artesanalmente a mano, uno a uno, a la medida deseada por el cliente. Van reforzados por tensores en las esquinas cortadas en inglete y, junto a su grapado en V y sus barras tensoras para medidas de más de 1 metro, garantizan un bastidor de madera duradero.
Colina baja
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Colina baja
Realismo
Clara Peeters irrumpe en el escenario artístico de Amberes a principios del siglo XVII, una época de efervescencia comercial y cultural en Flandes. En un mundo del arte dominado por figuras masculinas, su presencia es un testimonio de talento y determinación. Se especializó en el bodegón, un género que ganaba terreno rápidamente, reflejando el gusto de la burguesía por la representación detallada de la vida cotidiana y los bienes de lujo. Lo que distingue a Clara Peeters no es solo su elección de género, sino la maestría con la que lo aborda. Sus obras son un estudio fascinante de la luz y la textura: la delicadeza de una flor, el brillo metálico de una copa dorada, la rugosidad de un queso o la sutil iridiscencia de una ostra. Peeters poseía una habilidad excepcional para capturar la materialidad de cada objeto, transformando simples composiciones en invitaciones a la contemplación profunda. Su estilo se alinea con la pintura barroca de Flandes, que valoraba el realismo y un detalle casi obsesivo. Entre sus creaciones más cautivadoras se encuentran el 'Bodegón con arenques, ostras y utensilios de cocina' y el 'Bodegón con flores, copas de plata dorada, almendras, frutos secos, pan, dulces, vino y una tarta de moras', ambos tesoros del Museo del Prado. Estos cuadros van más allá de la mera acumulación; están imbuidos de sutiles simbolismos, a menudo aludiendo a la fugacidad de la vida o a la riqueza y el comercio de su tiempo. El bodegón, ejecutado principalmente con óleo sobre tabla o lienzo, es su voz artística más potente. Un detalle que nos conecta directamente con Clara Peeters es su ingeniosa firma: diminutos autorretratos reflejados en las superficies brillantes de los objetos que pinta, como copas o jarras. Esta estratagema no solo confirma su autoría, sino que añade una capa de intimidad y misterio a sus composiciones. Hoy, su legado se celebra no solo por su técnica impecable, sino por su papel pionero como mujer artista, recibiendo una merecida reevaluación y un lugar de honor en las grandes colecciones de arte.
Realismo es la denominación de un estilo o movimiento pictórico que se dio en Francia a mediados del siglo XIX, cuyo principal representante es Gustave Courbet. El propio pintor fue quien acuñó el término al dar nombre al pabellón que hizo construir para una provocativa exposición de 1855, alternativa al Salón de París, bajo el título "Realismo". Allí expuso su obra El taller del pintor, considerada el manifiesto del estilo, que provocó un sonoro escándalo en los medios artísticos por su anti-academicismo y su crudeza, que se calificaba de obscenidad. Posteriormente se identificó con el movimiento especialmente a Honoré Daumier, Jean-François Millet yJules Breton, y a otros pintores (Jean-Louis-Ernest Meissonier, Henri Fantin-Latour, Thomas Couture, Jean-Léon Gerome, etc.) El crítico de arte Jules Champfleury definió teóricamente la estética del movimiento. Se suelen identificar los principios estéticos del realismo pictórico con los del realismo literario contemporáneo (Honoré de Balzac). El compromiso con las clases bajas y los movimientos políticos de izquierda (en el contexto de la revolución de 1848) marcó la sensibilidad social e ideológica de este grupo de pintores realistas, que conectaría con la vertiente más comprometida socialmente del realismo literario: el naturalismo posterior (Émile Zola).